viernes, 23 de enero de 2009

Consumir o no consumir

"No tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla, que a consumir riqueza sin producirla." G. B. Shaw

Mucho se ha hablado en este foro –sobre todo en los últimos tiempos- de las necesidades del cliente, de los deseos, de la demanda, del marketing, del consumo e, incluso, del consumismo, término que no deja de tener una carga valorativa importante. Es evidente que las familias, entendidas como uno de los agentes económicos básicos, emplean sus rentas, sus ingresos, en consumir los bienes y servicios que las empresas ofrecen en el mercado, con el fin de satisfacer sus necesidades. Discurso que, no por manido, ha de ser olvidado por los principiantes. No es sin embargo el único empleo que hacen de sus ingresos: impuestos (gasto que trae a escena al sector público, otro agente) y bienes importados (que hace lo propio con el sector exterior) constituyen otros componentes del gasto familiar. Pero aún queda por señalar otro destino posible para los ingresos: el ahorro. De tal forma que, puede asegurarse que las familias distribuyen su renta disponible entre consumo y ahorro. Resta decir que ambas cantidades son complementarias: lo que se ahorra no se gasta y viceversa.

Si se seleccionasen dos familias al azar y se analizase la composición de los bienes que consumen, se comprobaría que la proporción destinada a cada tipo de bien sería diferente. Ahora bien, las estadísticas muestran una regularidad en la manera que la gente tiene de distribuir sus gastos en artículos como comida, vestido, ocio, vivienda, etc. Sin embargo, es evidente los incrementos de renta favorecen el consumo: quien dispone de mayores ingresos es capaz de diversificar su consumo entre los diferentes artículos disponibles en el mercado. Ahora bien, este incremento del consumo no es exactamente proporcional a la renta. Aunque mis ingresos aumenten un 10% no voy a consumir un 10% más de pan. Hay bienes, los llamados de lujo, cuyo consumo aumenta en una proporción superior a la que lo hace la renta.

Una vez satisfechas ciertas necesidades, el sobrante se ahorra, lo cual es equivalente a afirmar que no se emplea en el consumo actual de bienes y servicios, sino que su disfrute se pospone para el futuro. Este enunciado general no es, sin embargo, universalmente válido: es obvio que hay familias que no tienen capacidad de ahorro, debido a que sus niveles de renta se lo impiden. Es más, muchas se ven abocadas a desahorrar, esto es, a endeudarse, ya que su saldo a fin de mes es claramente deficitario.

Lo que pretendo mostrar es que las decisiones de consumo o ahorro guardan una relación muy estrecha con la renta disponible: tanto es así que cabe afirmar que ambos dependen fundamentalmente de la renta. Por tanto, si hubiera que representar una función de consumo-renta tendría las siguientes características: dependería de la renta disponible (renta menos impuestos); el consumo no crece proporcionalmente a la renta y para niveles de renta bajos, el consumo es superior a la renta y para niveles altos de renta la afirmación es la contraria.
Como siempre, la función consumo renta está sometida a la cláusula ceteris paribus. No hay que olvidar que existen otros factores que influyen en el consumo como las rentas pasadas y futuras, el patrimonio del que se disponga y otros factores que pueden primar el consumo frente al ahorro, v.g., tipos impositivos que penalizan el ahorro, esfuerzos de marketing que incentivan en consumo, tipos de interés, etc.

En economía se utiliza un concepto denominado ‘propensión a consumir’ para indicar la relación que existe entre la renta y el consumo. Todavía cabe precisar más este concepto y hablar de la propensión marginal a consumir que vendría a indicar la parte destinada a consumir de la última unidad de renta.

Consumo y ahorro: dos términos complementarios, pero en muchos casos no disyuntivos. He ahí la cuestión: de nuevo lo normativo entra en escena.

2 comentarios:

Lorea CHocarro dijo...

Buenos días Begoña:
Es lógico que el consumo y el ahorro depende de la renta, pues sin renta no hay ni lo uno ni lo otro.
También es cierto que ninguna familia administra de igual manera su renta, pues cada una tendra sus gustos y por tanto distintas necesidades que satisfacer.
Respecto a los bienes de lujo, como bien explicaste en clase, cuando aumenta la renta, el consumidor tiende a gastar, lo que no tiene aun, en bienes de lujo, y ahí echará mano de sus ahorros en la mayoría de los casos.
Lo que has dicho de que algunas familias no pueden tener ahorros porque su saldo a fin de mes es deficitario no deja de ser cierto, pero tampoco deja de ser cierto que hay familias que no pueden ahorrar porque no administran bien sus rentas.
Espero que sirva de algo mi aportación.
Un saludo:
Lorea

Begoña dijo...

Buenos días, Lorea.
Tu aportación siempre sirve: para mí y para todos los que te leen y comparten este espacio. Además está bien redacta y se entiende perfectamente qué es lo que estás defendiendo. Completamente de acuerdo con la idea que señalas al final: es de hecho lo que he pretendido transmitir cuando he señalado que el consumo no depende únicamente de la renta. Hay otros elementos: los esfuerzos de marketing, los deseos de los consumidores, las facilidades de préstamo –que hacen que mucha gente se endeude hasta extremos inverosímiles- , etc. Lo que ocurre es que en economía muchas veces hemos de sujetarnos a la cláusula ceteris paribus y olvidar momentáneamente estos factores. En cualquier caso, muy bien, Lorea.
Ahora que has vuelto por estos lares (dos intervenciones, muy bien), espero que no me abandones. Un saludo y suerte en el examen del lunes. Seguro que lo haces muy bien.
Begoña