miércoles, 21 de enero de 2009

Calma total

"El poder nunca es estable cuando es ilimitado." (Tácito)

Lo prometido es deuda. Ahí tienen el ensayo (color rojo).

El concepto de estabilidad: versión económica
En la era de la volatilidad, de las grandes revoluciones tecnológicas, de la globalización, en suma, de las incertidumbres futuras y turbulencias presentes, el objetivo de la estabilidad se presenta como una suerte de desideratum al que aspira todo sistema. El económico no constituye una excepción a esta máxima. No es casual que las dos barras horizontales y paralelas que atraviesan el símbolo del euro sean una metáfora de la estabilidad que pretende alcanzar la Unión Económica y Monetaria. Ahora bien, el propio concepto de ‘estabilidad’ se torna problemático si se lo somete a una revisión crítica.

Desde la perspectiva de las ciencias físicas, la estabilidad es la respuesta de un sistema cuando sufre una alteración con respecto a su posición de equilibrio. Para un científico, un sistema será estable si la modificación de las condiciones iniciales no altera significativamente la situación de partida. La traducción económica del término ‘estabilidad’ acepta esta definición al tiempo que la precisa con la terminología que le es propia. La estabilidad es un objetivo de política económica consistente en minimizar las variaciones cíclicas en el nivel de actividad o producción y en restablecer el equilibrio interno y externo de la economía nacional. No hay que entender la estabilidad económica como ausencia de variaciones con respecto a un supuesto tiempo cero económico: por el contrario, la estabilidad económica es esencialmente dinámica. La doble acepción del término ‘economía’, realidad económica y ciencia, nos recuerda que nunca se debe perder de vista el hecho de que la economía es una ciencia social, anclada en la realidad, que, per se, es cambiante. Un concepto de estabilidad que no tuviera en cuenta esta consideración resultaría, en definitiva, inútil. La estabilidad es, por tanto, tendencia u objetivo.

Si como aseguran los clásicos la historia es magistra vitae, una mirada atenta a la historia económica revela que los ciclos y las crisis son la gran amenaza para la sostenibilidad de la economía. Sin embargo, no hay que colegir de esta apreciación que la existencia de ciclos implique la imposibilidad de alcanzar el objetivo de estabilidad. Todo lo contrario, habrá que dotar al sistema de un mullido colchón que amortigüe la violencia de los ciclos, que manifiesta toda su crudeza en la tasa de desempleo. Además, en el contexto de la aldea global y del tejido de relaciones económicas urdido en el telar de la globalización, el deterioro de los fundamentos de la estabilidad económica comporta importantes efectos sobre la solvencia del país para enfrentar los retos del desarrollo. En un clima de inestabilidad se reduce la capacidad inversora interna de un país y se hace más difícil la atracción de capitales externos, que constituyen la clave para el despegue de los países menos desarrollados. La inestabilidad económica deviene, en este sentido, la verdadera “trampa del desarrollo”.

En la práctica, es difícil conciliar la estabilidad, el crecimiento y la cohesión social. Las políticas económicas navegan, como muestra la curva de Philips, entre la escila de la inestabilidad de precios y el caribdis del desempleo. El gran reto es conseguir un crecimiento económico sostenible que al mismo tiempo garantice la cohesión social.

Un viaje diferente
Quizás la forma más gráfica de acercarse al problema es utilizar una - en términos de Lakoff y Jacobs- “metáfora de la vida cotidiana”. Hagamos economía ficción: montémonos en una peculiar aeronave, metáfora prestada del economista Boulding, quien nos aconseja que el secreto está en mantener “el equilibrio entre la capacidad de carga del vehículo y las necesidades de los tripulantes y pasajeros que van dentro de la nave”. Lo tendremos en cuenta. El objetivo último de este viaje será garantizar la estabilidad económica al socaire de tormentas y turbulencias de toda condición.

Antes de despegar es importante cerciorarse de que el diseño del avión es el más adecuado para mantener la estabilidad frente a las vicisitudes del vuelo. Sin embargo, aunque se haya invertido tiempo y esfuerzo en el diseño de aviones seguros, en último término, el piloto es el responsable de garantizar la estabilidad del aparato. Del mismo modo, las maniobras en políticas macroeconómicas llevadas a cabo por el Gobierno de un país, el BE o el BCE se asemejan a las que nuestro avezado piloto realizaría para no perder el equilibrio. Nuestro avión, el sistema económico, es un sistema multidimensional en el que la estabilidad debe ser considerada para cada uno de sus ejes por separado. Intentaremos, por tanto, mantenernos estables.

El Tratado de Maastricht fue el manual de vuelo donde se recogieron las condiciones mínimas de estabilidad que debían reunir los aviones de la flota europea: tasa de inflación de un país baja, estable y predecible; déficit público, moderado; volumen de deuda, sostenido y no muy alto; tipo de cambio nominal, estable, compatible con un saldo de balanza por cuenta corriente viable y sostenible; existencia de una política monetaria diseñada para ejercer un control suave y predecible de las variables nominales y de una política fiscal coordinada con la monetaria y cambiaria. Nuestro avión pasó el control de calidad; pero ésa es otra historia.

Despegamos. Comenzaremos controlando el amortiguamiento del alabeo, es decir, la situación que hace que el equilibrio de las alas se rompa: nuestro sistema económico se desequilibrará si no se alcanza el objetivo de la estabilidad de precios. Si se alcanza, se produce una mejora del nivel de vida y se reduce la incertidumbre entre la población relativa a la evolución general de los precios. Además, impide una distribución arbitraria de la riqueza y de la renta derivada. El aumento general y sostenido de los precios de los bienes recibe el nombre de inflación. Se han considerado causas de este fenómeno la expansión monetaria y el aumento exagerado de la demanda de bienes. Actualmente, el BCE fija la tasa de inflación deseable por debajo del 2%: un país con esta tasa de inflación se juzga estable. Si no se controlara la inflación, podríamos encontrarnos con la desagradable sorpresa de que nuestros ahorros, que tantas pagas semanales han costado y que iban a costear nuestro intercambio cultural con un instituto inglés, resultaran insuficientes. O con la no menos desagradable de que la duración del intercambio se vería reducida, porque a nuestros compañeros británicos les afectara la subida de los precios españoles y decidieran realizar el intercambio con el instituto francés rival. Los economistas probablemente calificarían los hechos como graves, nosotros como catastróficos.

Hemos de alcanzar la suficiente altura que nos proteja frente a los peligros que supondría un vuelo a ras de tierra: lo haremos mediante los elevadores. Un sistema económico se elevará sobre la superficie en la medida en que consiga una elevada productividad. De esta manera, aprovechará al máximo todos los recursos disponibles y evitará el despilfarro. Además, las empresas verán incrementar los beneficios, lo que dará lugar a una mayor inversión lo que favorece al conjunto de la sociedad. La estabilidad macroeconómica es el cimiento del edificio productivo.

Es obvio, sin embargo, que no basta con controlar el amortiguamiento del alabeo o la altura para garantizar la estabilidad de nuestra nave: es importante el control de la estabilidad longitudinal que se conseguirá con el manejo del estabilizador de cola. En este sentido, el agente externo que podría desestabilizar la aeronave es el desempleo. La estabilidad económica interna está imbricada ineludiblemente con el mercado de trabajo. El paro es, de suyo, un grave problema económico por los efectos que provoca en las economías domésticas. De hecho, algunos hemos experimentado su devastadora acción en nuestras propias casas. Pero es que, además, el paro genera, a modo de ficha de dominó, una serie de efectos perversos que caen en cascada. Así, provoca un descenso de la productividad, un aumento del gasto público y una disminución de la demanda. Expliquemos estos efectos. En cuanto a la productividad, no se consigue el objetivo del pleno empleo: la producción se sitúa por debajo de la frontera de posibilidades de producción. En lo referente al aumento del gasto público, si el desempleo aumenta, el Estado deberá afrontar mayores gastos por subsidios de desempleo. Esta situación no perjudica únicamente al Sector Público, sino que además los consumidores se pueden ver afectados por una subida de los impuestos, una de las fuentes recaudatorias básicas del Estado. Y por lo que respecta a la disminución de la demanda, si aumenta el nivel de parados, estos verán disminuir (o desaparecer) su poder adquisitivo, con lo que se generará una caída de la demanda agregada, círculo vicioso de complicada solución.

Sobrevolamos una cordillera de montañas, el sistema financiero, y hemos de sortearlas ganando altura. El logro de la estabilidad depende del control del sistema financiero. Se trata de evitar que surjan crisis financieras que afecten a todo el sistema o de mantener la estabilidad del valor de los activos financieros. Que los bancos ofrezcan garantías es básico para la tranquilidad de los ciudadanos, ya que intervienen directamente en su vida cotidiana mediante la concesión de préstamos y la apertura de depósitos. Nuestras familias, nosotros mismos, hemos acudido a estos intermediarios en múltiples ocasiones: préstamos hipotecarios, al consumo, apertura de depósitos para nuestros pequeños ahorros. Y lo hemos hecho desde la premisa de que el sistema financiero estaba anclado en firmes cimientos. De esta forma, la estabilidad financiera es el elemento imprescindible para que la economía funcione correctamente, ya que se consigue un clima de confianza en el que tomar nuestras decisiones económicas sin temor a posibles amenazas. Si el sistema quebrara, todo el conjunto de la población se vería afectada, al igual que pasó en la crisis financiera de 1929.
Turbulencias: es el momento de garantizar la seguridad de los pasajeros provocada por la inestabilidad del sistema de pagos; nuestro piloto habrá de controlar el riesgo financiero, es decir, la posibilidad de que un sistema de pagos sea incapaz de hacer frente a sus pagos en el momento presente o en el futuro; habrá de librar una dura batalla contra el sueño y la cabina de mandos, esto es, contra el riesgo operativo; deberá cerciorarse de que se posee la autorización pertinente para atravesar un determinado territorio, es decir, el riesgo legal. Aún habrá de luchar contra el riesgo más temible, el sistémico, ocasionado por la posibilidad de que la debilidad de su aparato pueda afectar a los restantes aviones que en ese momento surquen los cielos. Una entidad puede poner en riesgo a todo el sistema.
Las políticas económicas establecidas intentan conseguir el objetivo de la estabilidad, que, aunque difícil, todo buen piloto ha de perseguir. Tampoco hay que olvidar que el piloto y el copiloto, el Gobierno, tienen sus propias funciones, es decir, el BE o el BCE no han de recibir presiones de ningún gobierno. La independencia del Banco Central es fundamental para el sistema económico.


Banco de España o la necesidad
Sigamos volando e imaginemos un escenario en el que no hubiera pilotos. Nuestro avión posee un sistema automático sin supervisión alguna: en otras palabras, imaginemos un sistema económico no asistido por un Banco Central; en nuestro espacio aéreo, por el Banco de España. Las amenazas procederán de tres frentes: los precios, los sistemas de pagos y el sistema financiero. El riesgo de accidente mortal es inminente.

El escenario real es diferente. El BE juega un importante papel en el sistema económico como garante de la estabilidad. En realidad, todas las funciones que corresponden al BE le han de ayudar a conseguir el logro de su objetivo principal, que es mantener la estabilidad en nuestro país, así como apoyar la política económica general del Gobierno. Analicemos los frentes abiertos: el BE como piloto disciplinado que es, habrá de seguir las indicaciones del BCE; de hecho, es de su competencia debatir las cuestiones relativas a la política monetaria y supervisar su contribución a la instrumentación de la política monetaria del SEBC.
En el otro frente el BE adquiere un mayor protagonismo: en España hay existen dos sistemas de pagos, a saber, el SLBE y el SNCE. El primero es un sistema de pagos en euros con liquidación bruta en tiempo real e integrado en el sistema TARGET y gestionado por el BE. El BE regula el SLBE mediante la emisión de Circulares. Además, la supervisión del sistema corre a cargo de la inspección interna de éste. El segundo, el SNCE, es de titularidad privada, pero el BE interviene en él como participante y como agente liquidador. No es ajeno por tanto a su funcionamiento: lo supervisa y lo regula.
Esta labor de supervisión nos lleva al tercer frente: la estabilidad del sistema financiero. La tarea de supervisión del BE es de vital importancia: sin ella podrían no cumplirse las normas específicas que obligan a los bancos en su actividad financiera. Así, el BE obliga a las entidades a remitirle un amplio conjunto de información económico-financiera. Además forma Grupos de Inspección para anticipar posibles problemas que puedan afectar al buen funcionamiento de las entidades. Utiliza, asimismo, medidas de carácter corrector, de tal forma que, ante un incumplimiento, formula requerimientos y recomendaciones para que las entidades las pongan en funcionamiento. Además, el BE fija los distintos coeficientes de caja y reservas que deben mantener todas las entidades financieras: una especie de paracaídas que, en caso de accidente, podrían salvar más de una vida (y de unos ahorros).
Si los problemas se agravan, el BE impone un plan de saneamiento. Tiene también la potestad de instruir expedientes y sancionar. Los problemas que requieren de estas medidas suelen estar relacionados con el incumplimiento de normas relativas a la transparencia e información de la clientela, disposiciones de altos cargos o insuficiencia de recursos propios.

El BE intenta, entonces, potenciar entidades sanas, solventes y bien gestionadas. Aparte de la de supervisión, desempeña otras funciones que lo hacen imprescindible, como las operaciones de cambio de divisas, la elaboración y publicación de estadísticas, la prestación de servicios de Tesorería, asesoramiento del Gobierno, emisión de billetes y circulación de la moneda metálica, además de encargarse de las reservas exteriores de España.

Banco de España, ¿condición suficiente de estabilidad?

Dejemos la economía ficción; llegados a este punto, hemos de servirnos del razonamiento matemático y plantear la siguiente cuestión: ¿Es en un mundo globalizado y en un contexto de mercado único y de política monetaria común el BE condición necesaria y suficiente de estabilidad? Nuestra tesis es que, habiendo probado que se erige en institución necesaria, el BE, en el contexto económico actual de la UE, no es una institución suficiente para garantizar la estabilidad. Y no lo es porque los países europeos tomaron buena nota de las ventajas que suponía la cooperación en el juego del mercado; supieron apreciar las virtudes que comportaba la pertenencia a la Unión económica y monetaria. El BE depende, por tanto; de otra institución que coordine sus esfuerzos con los de los países que conforman la Unión. Esa institución es en nuestro mundo de economía ficción el controlador aéreo, el BCE.

El BCE es el banco central de la moneda única. Su función principal consiste en mantener el poder adquisitivo del euro, y de este modo la estabilidad de precios. Sin un euro fuerte, la Unión Monetaria, cuyo objetivo último es la creación de un entorno estable, se rompería. La condición de posibilidad de un entorno estable es una moneda estable. Para lograr ese objetivo, el BCE intenta modular los tipos de interés a corto plazo y lo hace a través de los instrumentos que se revelaron útiles en los Bancos Centrales: operaciones de mercado abierto, administrar la liquidez del mercado y poner de manifiesto la orientación de la política económica.

Además el BCE evalúa la existencia de puntos débiles en el sector financiero y su resistencia a posibles perturbaciones. Esta evaluación se lleva a cabo en colaboración con los bancos centrales nacionales de la UE y los organismos supervisores. Todos ellos están representados en el Comité de Supervisión Bancaria del SEBC. En el BCE, el seguimiento de la estabilidad financiera conlleva la participación de varios sectores de actividad. Las instituciones financieras tienen que cumplir las disposiciones en materia financiera y las exigencias de supervisión.

Así pues, el BCE, juega un papel muy importante en la economía. Sin él no tendría sentido el sueño europeo de la unión. Por tanto, el BE es condición suficiente si y sólo si actúa junto con el BCE: forman, junto con el resto de Bancos Centrales, un tándem múltiple al servicio de la estabilidad. Se trata, entonces, de conjugar la unidad y la multiplicidad; las peculiaridades de cada país sin perder la unidad del conjunto: el director y su orquesta. Pero no confundamos imágenes, estábamos sobrevolando el territorio europeo y vamos tomando tierra: la perspectiva que otorga la altura va cediendo paso a la visión habitual de la realidad. Aterrizamos. Hasta aquí nuestro viaje, esperamos que haya sido de su agrado.





Bibliografía:
Calvo A. et al. (2002): Manual de sistema financiero español, Ariel Economía.
Cuadrado Roura J. R. (2001): Política económica: objetivos e instrumentos. McGraw Hill
Martínez Álvarez J. A. (2000): Economía del Sector Público. Ariel Economía
Requeijo J. (2001): El euro y la economía española. Marcial Pons
www.bde.es/informes/bce/polmon/polmon.pdf
www.inicia.es/de/vuelo/PBV/PBV16.htm
www.ecb.int
www.aulavirtual.bde.es
www.bde.es/prensa/prensa.htm

6 comentarios:

El lobo estepario dijo...

Muy buen trabajo.
Sin unión no estabilizaremos la nave. Espero que los egoísmos y complejos de aldeano se vayan superando...

Un saludo.

Begoña dijo...

Muchas gracias, el mérito es atribuible a una hornada de alumnos realmente excepcional. Por cierto el autor del libro que da nombre a tu pseudónimo también posee su homónimo matemático-económico: los determinantes hessianos de tan grato recuerdo para los estudiantes de cálculo

Buen libro el de Hermann Hesse.
Un saludo y bienvenido
Begoña

Clara dijo...

Hola Begoña,
Navegando por diversas páginas económicas que inspiren mi examen de mañana he dado por casualidad con un trabajo que recuerdo con mucho cariño- pese al trabajo que supuso tanto leer sobre estabilidad en los precio-. Sin embargo, he de reconocer que entonces no entendía mucho de macroeconomía, aunque con esto no quiero decir que ahora sea una esperta, ni mucho menos.
También quería decirte que me encanta leer tu blog siempre que tengo tiempo aunque el comentar me cueste más y lo haga muy de vez en cuando-reconozco que sigue dandome un poco de vergüenza como el comentar en clase.
Un saludo

Clara

Begoña dijo...

Buenas noches, Clara:
Espero que tu examen te haya hecho justicia. Seguro que sí. En cualquier caso, creo que podéis estar muy orgullosos del trabajo que elaborasteis con muchas ganas y tesón pese a no ser expertos –ni falta que hacía- en macroeconomía.
Me alegra –y me halaga- mucho que me sigas, pese a haber abandonado mis clases de economía. Pero me alegraría más que te animases a intervenir: creo que tienes mucho que aportar: tu visión es más amplia y tus compañeros se beneficiarán de ella.
Un abrazo:
Begoña

JUAN JOSÉ MENDOZA ALVARADO dijo...

"¿Es en un mundo globalizado y en un contexto de mercado único y de política monetaria común el BE condición necesaria y suficiente de estabilidad? Nuestra tesis es que, habiendo probado que se erige en institución necesaria, el BE, en el contexto económico actual de la UE, no es una institución suficiente para garantizar la estabilidad". BEGOÑA DIXIT

¿Son el BE y el BCE condición necesaria y suficiente de estabilidad? Independientemente de la naturaleza intrínsecamente inestable de las economías de mercado (Minsky)tengo fuertes dudas de que una adecuada coordinación entre el BE y el BCE constituyan condición necesaria y suficiente para garantizar la estabilidad económica. En este sentido pregunto:
1. ¿Estaban preparados el BE y el BCE para enfrentar un choque externo como fue la crisis financiera de los Estados Unidos?
2. ¿Es posible blindarse frente a un choque de la magnitud que ha enfrentado los Estados Unidos?
Se que la ausencia de instituciones como el BE y el BCE y su correspondiente coordinación realmente empeorarían las cosas.

También me pregunto ¿Qué tán alineados están los objetivos de tasa de cambio y de interés del BE y del BCE?

atte.

Juan José Mendoza A.

Begoña dijo...

Estimado Juan José:
Con gran agudeza ha dado en el clavo. Ese era el punto débil del trabajo de mis alumnos. El BE y el BCE no son, y la realidad de la crisis económica engendrada principalmente en los Estados Unidos se impone como prueba, condición suficiente de estabilidad. Sin embargo, sí creo que pueden concebirse como condición necesaria como bien apunta cuando señala que “sin la correspondiente coordinación realmente empeorarían las cosas”. Una de las dolorosas enseñanzas de la crisis es precisamente que la necesidad de establecer nuevos mecanismos de control o de reforzar los ya existentes. En cualquier caso, y en mi descargo diré que este trabajo fue presentado para un concurso del Banco de España en el que se trataba de alguna forma de analizar su papel como garante (con las precauciones que usted apuntaba) de la estabilidad económica. Los alumnos que lo redactaron no eran economistas profesionales sino estudiantes de 1º de Bachillerato. En cualquier caso, agradezco la certera crítica que además pone de manifiesto la tendencia que muchas veces tenemos los europeos de no ver más allá de nuestras fronteras.
Y en otro orden de cosas, ¿cuándo nos obsequiará con una nueva entrada en su blog?
Un saludo:
Begoña