domingo, 7 de diciembre de 2008

Rapsodia en diciembre

"Los episodios que para ornato de la historia se ponen, no han de ser tan grandes como la misma historia". Miguel de Cervantes, Los trabajos de Persiles y Segismunda.

Al examinar los asuntos que han ido desfilando en la pasarela de estas 48 entradas, -voy camino de celebrar mis bodas de oro virtuales con los principiantes-, compruebo que si hay un adjetivo que se ajusta a este cuaderno de bitácora, ése es probablemente el de rapsódico. Una especie de cajón de sastre en el que no hay un aparente (ni oculto, me temo) hilo conductor. No, no voy a emprender el tedioso camino del metadiscurso. Lo único que pretendía, queridos internautas, era llevarles al huerto. A mi huerto, un tanto yermo, -estamos en invierno-, y dentro de él, a la rapsodia con la que aconsejo acompañar la lectura de este texto. Rachmaninoff como banda sonora de lujo. Para los principiantes cinéfilos aconsejo Breve Encuentro, de David Lean (otro gigante), película fantástica en la que la música de Rachmaninoff cierra el círculo de la perfección. Y cómo no Rapsodia en agosto de Kurosawa. No se pierdan el enlace en el que se reproduce un diálogo entre el mencionado y Gabriel García Márquez.

La vida es rapsódica. A no ser que uno se confiese hegeliano recalcitrante y militante -el suyo sí constituye "el Sistema", con mayúsculas, en razón de su amplitud y grandeza- es díficil aceptar la idea de que todo lo que sucede obedece a un plan racional. La lógica de los acontecimientos se aprecia a posteriori cuando se ha de narrar la historia a partir de los retales que aportan los llamados "hechos". Presentar la realidad económica como un sistema perfectamente ordenado no deja de ser una ficción intelectual. Si tuviera que buscar un símil que se ajustara a lo que quiero decir, probablemente sería el de hipervínculo. Cada cuestión que se aborda remite a otra y así sucesivamente. Por eso, el otro día, al hablar del mercado bursátil como mercado de competencia perfecta me faltó la explicación del propio concepto de 'competencia perfecta' que a su vez se relaciona con el de 'estructuras de mercado'.

Ambas cuestiones forman parte del programa de la asignatura de 1º de Bachillerato y serán explicadas en breve en clase, por eso, los alumnos que quieran jugar con ventaja, pueden leer esta entrada. Se permiten estas trampas. Vamos a ello. La economía, como toda ciencia que se precie, clasifica los fenómenos económicos en ciertas categorías. Pero la teoría económica no es capaz de mostrar todas las diferencias que se encuentran en los mercados. Para subsanar este déficit diseña unas características que le permiten recoger las diferencias y similitudes que existen entre las clases de mercado. Son las denominadas estructuras de mercado.

Estas características diferenciadoras son cuatro: el grado de concentración del mercado, el grado de homogeneidad del producto, las barreras de entrada, y la transparencia, o, lo que es lo mismo, la existencia o no de información perfecta.

El grado de concentración alude al número de oferentes y demandantes que hay en el mercado. Cuanto mayor sea el número de oferentes, menos concentración habrá en el mercado. A los compradores les interesa que el grado de concentración sea mínimo, porque el poder de mercado se diluye al repartirse entre muchos oferentes. Pondré un ejemplo: si únicamente una empresa suministra un determinado producto, tendrá la potestad, bien es cierto que limitada por la función de demanda, de fijar el precio que considere oportuno. Ese precio será indudablemente más elevado que si existiesen muchos oferentes en el mercado dispuestos a surtir a los demandantes de ese producto.

El grado de homogeneidad del producto se refiere a las diferencias de calidad o diseño. Cuando se afirma que un bien producido es perfectamente homogéneo se esta queriendo decir que dicho bien es sustituto perfecto de los que ofrecen las demás. Ahora bien, es difícil encontrar en los mercados reales bienes perfectamente homogéneos. De hecho, las diferencias de calidades o diseño impiden que nos sea indiferente elegir entre dos bienes. Piense el lector en dos marcas de coche: una de alta gama y otra de baja gama. Es evidente que ambas satisfacen la misma necesidad, pero también lo es que, puestos a elegir, no hay color.

Las barreras de entrada son los elementos (legales, tecnológicos, de capital, patentes, etc.) que dificultan o impiden la entrada de nuevas empresas en un mercado. El primer análisis relevante de esta cuestión corresponde a Bain (1956), que definía las 'barreras de entrada' como aquello que permite a las empresas establecidas lograr beneficios extraordinarios elevando el precio por encima del nivel competitivo sin inducir a nuevas a empresas a entrar en el sector. Bain señalaba que hay cuatro factores que no permiten la eliminación de los beneficios, y que por lo tanto, perpetúan la imperfección del mercado: 1) la existencia economías de escala, 2) las ventajas absolutas de costes 3) las necesidades iniciales de capital y 4) la diferenciación del producto. Nuevamente, se hace necesaria otra entrada a modo de hipervínculo para explicar estas cuestiones. Por ahora, sirva su mención.

Por último, la existencia de información perfecta hace alusión a la posibilidad de que los agentes económicos se hagan con información acerca de las mejores oportunidades de compra y venta que ofrece el mercado sin que ello les reporte coste alguno.

Con todos estos elementos, puede elaborarse la definición de mercado de competencia perfecta que servirá para comprender mejor por qué los mercados bursátiles lo son. Un mercado de competencia perfecta es aquel en el que existe un número tan elevado de oferentes y demandantes que ninguno puede influir sobre los precios de los productos. Por eso, se dice que los oferentes son precio-aceptantes. Además, los productos son perfectamente homogéneos, no existen barreras de entrada y circulan flujos de información perfecta. Sólo responden a esta descripción mercados como los de determinados metales (oro, cobre), determinadas materias primas como el trigo o la madera y valores financieros o productos que son bien conocidos.

Otro compás más en la rapsodia que pretende ser Economía para principiantes. Espero que a mayor gloria de la melodía.

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