martes, 16 de diciembre de 2008

Historias de Tokio

"La mayoría de la gente joven que consigue trabajo en empresas, se convierten e hombres de empresa. Yo quiero ser independiente". (Haruki Murakami)

¿Sólo se ama lo que se conoce o sólo se conoce lo que se ama? Complicada disyuntiva que algunos manuales atribuyen a Platón y Aristóteles. No he comprobado si la atribución es real, porque mi intención va por otro lado: el de las trampas de la disyunción exclusiva. No se puede amar lo que no se conoce en absoluto, pero no se quiere seguir conociendo si no se ama. Aplicable a todas los intrincadas rutas de nuestras vacaciones en el mundo. Es difícil sustraerse a las propias coordenadas espacio temporales: a la tentación de pensar que la cultura propia es, no ya la única, sino la que de forma más acertada encarna lo que debe ser 'la humanidad'. Ancestral y universal engaño del nosotros y ellos. Porque la humanidad, como el ente aristotélico, se dice de muchas maneras. La lógica binaria, tan en boga hoy en día, llevaría entonces a defender el relativismo cultural. Otra trampa sintáctica: uniformismo o relativismo sin matices. La humanidad se dice de muchas maneras, pero, en última instancia, es humandad. Es posible, deseable y exigible llegar a un consenso más allá de la diferencia. Los mínimos éticos y los derechos humanos son su base. Pero, una vez más, no es el tema.

Nunca me había atraído demasiado la cultura oriental. Europa definía las fronteras de mi estrecho mundo, de mi eurocentrismo inconfeso pero latente. Pero mi percepción de la “realidad oriental” ha cambiado a raíz de algunos encuentros buscados ma non troppo: la lectura de La novela de Genji, milagro literario el siglo XI escrito por una mujer, Murasaki Shikibu, y mi viaje relámpago a China. Allí pude conocer a vista de pájaro, -no creo que sea lícito establecer leyes generales a partir de una observación mínima, reducida y mediatizada-, la cultura china y reconozco que me impresionó. Paseo nocturno por Shangai o puesta entre paréntesis del ego europeo. Mi próximo objetivo es, sin duda, Japón. Quizás alimente también mi querencia por este país mi actual lectura. Una amiga -muchas gracias, Naty- me prestó un libro del ya citado en esta página, Haruki Murakami. Todo un descubrimiento tardío. Conocer para amar y amar para conocer.

Es, por tanto, el destino de mi viaje nocturno de hoy. El matutino, la clase de 2º de Bachillerato, nos ha llevado a analizar el sistema Just in Time, uno de los más refinados producto de la factoría Toyota. Más allá de los tópicos, me gustaría dedicar la entrada de hoy a presentar, grosso modo, la interesante organización empresarial de las compañías japonesas. A quien desee profundizar en el JIT le recomiendo pinchar en el enlace anterior. La confesión previa es que mi conocimiento del tema es libresco: no conozco la realidad de primera mano. Por ello, me subiré a hombros de otro gigante la Historia económica de la empresa, de Jesús Mª Valdaliso.

Si por algo se han caracterizado las empresas japonesas es por el hecho de que han sabido tejer redes complejas y simultáneamente descentralizadas. Si se analiza la trama de estas redes se descubren varios niveles. Un primer nivel lo constituyen las fábricas en las que se realiza la actividad de investigación y desarrollo (no hay que olvidar que Japón es uno de los países que más patentes registra al año), la producción y el marketing. Éstas coordinan su producción a través de una gran empresa que tiene relaciones de casi integración con gran número de pequeñas empresas que, a su vez, establecen relaciones comerciales con otras empresas a través de acuerdos a largo plazo de cooperación. Esas alianzas facilitan el intercambio de conocimientos y la coordinación.

Esta estructura en red se encuentra fuertemente jerarquizada, aunque sin llegar a constituirse como una integración vertical, teniendo a la cabeza un grupo de filiales centrales de la casa matriz. En un segundo plano se situarían las empresas con las que se establece una relación tipo keiretsu y a un nivel inferior están los subcontratistas principales que, a su vez, pueden subcontratar parte de su producción. Evidentemente la red no puede ampliarse indefinidamente dado el alto grado de coordinación existente entre todos los niveles. Además, este tipo de red depende de un equilibrio entre el número de proveedores y el grado de integración en la cooperación que es máximo sin llegar a la integración vertical y todos los problemas que lleva aparejados.

Las ventajas de esta estructura son innegables en la medida en que posibilitan que se desarrollen economías de escala, reduciéndose los costes de producción y transacción de la empresa organizada en red. Pero lo que me parece que es una de las características que refleja el carácter japonés es la relación de confianza en la que se asienta. El principio de competencia, asimismo, se atenúa con la colaboración. En el fondo, todas las empresas están vinculadas por una trama común que permite que todas se integren en una red, conservando sin embargo, su independencia.

Este es el caldo de cultivo en el que se materializa el JIT. Este modelo nace de Toyota, que, con su sistema de existencias de minutos en las fábricas de montaje de Toyota City en la ciudad de Nagoya, supuso el establecimiento de una gran red a través de un proceso sencillo. Una red de ocho filiales encargadas del ensamblaje de una parte de sus vehículos les permitió ajustar con más flexibilidad su producción a los cambios de mercado.

Sin embargo, la estrategia JIT no está exenta de problemas: agrava los problemas de tráfico en las grandes áreas urbanas, la práctica kanban no es válida para proveedores situados a larga distancia pues requiere disponer de una oferta de proveedores cualificados muy amplia. Además la gran variedad de productos y su rápido reemplazo incrementa la presión sobre los proveedores y el coste para los fabricantes.

Toda cara tiene su cruz. Para que exista occidente, ha de haber un oriente. El resto son fronteras, probablemente invisibles.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena doble Begoña:
Por el premio y por el blog. Me ha resultado muy interesante la explicación del tejido industrial japonés, sobre todo porque yo me dedico a la química y todo lo económico me queda un poco grande. De lo poco que conozco el tema tengo la impresión de que el JIT esta de capa caida, ¿no crees?
Muy sugestivas tus recomendaciones. Te veo haciendo crítica de cine.
Espero verte pronto en la UNED, aunque creo que no me pones cara.
Un abrazo:
Alvaro

Begoña dijo...

Buenas tards,Álvaro:
Muchas gracias por tu intervención.
En cuanto a tu pregunta, no creo que el Just in Time esté de "capa caída". Lo que sí que pienso es que la adecuada implantación de un sistema JIT exige una serie de cambios internos, de acciones encaminadas a una mejora de la calidad, que muchas empresas no están dispuestas a acometer.
Por otro lado, se ha escrito largo y tendido sobre si el just in time es un producto made in japan y sólo para japan o, bien, es perfectamente extrapolable a la forma de concebir la empresa propia del mundo occidental. Si te interesa el tema te recomiendo la lectura de este artículo.
http://www.gestiopolis.com/recursos2/documentos/fulldocs/ger/introjit.htm

Un saludo y, la próxima vez que me veas en la UNED, salúdame, aunque sólo sea para "ponerte cara":
Begoña