viernes, 6 de febrero de 2009

La leyenda del tiempo

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana

examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.
(Mario Benedetti. Pausa)

Carpe diem quam minimum credula postero. Horacio adversus Benedetti. Y mientras hablamo de pausas, el tiempo rampante continúa su conquista. A pesar de que, a veces, los humanos necesitemos convivir con la ilusión de que lo hemos domesticado o, incluso, domeñado. La realidad es que, como las fuerzas de la naturaleza, se burla de nuestro atrevimiento; se resiste a ser encorsetado y cuando se rebela, muestra su rostro más salvaje,menos doméstico. No somos dueños de nuestro tiempo.

Las matemáticas financieras que encuentran su fundamentación en la existencia de la temporalidad, manejan un concepto de ésta que nada tiene que ver con la condición humana: funcionan con la suposición de que ese tiempo es independiente de los sujetos a los que sirve en sus cálculos.

Ya en mi tierno 7º de EGB (soy de esa época), cuando la primera aproximación a las matemáticas financieras consistía en la memorización de la regla del carrete (capital por rédito por tiempo) que permite calcular el interés en la capitalización simple, me asaltaban pensamientos de muerte, de finitud. ¿Cómo puede alguien depositar alegremente su dinero en una entidad bancaria si ni siquiera sabe si vivirá mañana? Hipotesis fingo. Las matemáticas financieras presuponen que el tiempo comienza y finaliza cuando el agente económico así lo determina o lo conceptúa o lo imagina.

Ahora es a mí a quien toca contribuir a perpetuar -interesante paradoja- la farsa del tiempo doméstico. Y lo hago pertrechada de razonamientos teóricos: la teoría sostiene que el hecho de que los intercambios no sean simultáneos provoca que haya de tenerse en cuenta la valoración de los bienes en los distintos momentos en los no están a disposición del agente económico. Por eso, he comenzado explicando a mis alumnos que un capital se define por su cuantía y por su vencimiento. Es decir, el capital financiero es la medida de un bien económico referida a su disponibilidad.

De hecho, para poder comparar dos capitales en distintos instantes, es necesario hallar su equivalente en un mismo momento. De alguna forma, es semejante a calcular su proyección financiera en un tiempo determinado.

En matemáticas financieras se habla de leyes. Mencionaré dos de las más importantes: la capitalización y el descuento. Las leyes de capitalización permiten calcular el equivalente de un capital en un momento posterior, mientras que la leyes de descuento posibilitan el cálculo del equivalente de un capital en un momento anterior. Si deseo conocer el valor de 100 € dentro de 3 años, habré de hacer uso de la capitalización. Sencillo y fácil de entender.

Quiero imaginar nuestra cita de hoy como una pausa -buscada y deseada- en mi actividad. No deja de ser, sin embargo, otra ilusión temporal. No existen las pausas. Son ficciones. Necesarias, tal vez, como la que me lleva a pensar que mañana estaré de nuevo aquí. Al igual que ustedes. Espero.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas tardes Begoña:

Me parece acertado el comentario que has realizado sobre el tiempo y la naturaleza, y un buen ejemplo de ello es la pelicula "El incidente".

A pesar de que a mi las matematicas financieras no me agradan demasiado, comprendo que son una parte fundamental de la economia, y por ahora estamos aprendiendo solo la punta del iceberg de esta seccion de la asignatura. En lo que dices de como alguien puede depositar su dinero en una entidad bancaria y no estar seguro de si vivira para gastarlo, existen muchas personas que por esta misma razon deciden vivir el dia a dia, gastar su dinero y no dejarlo en entidades. Creo que la gente tiende a "guardar" su dinero ya que piensan que ahi dentro esta seguro y les puede servir de ayuda en caso de crisis, como la que actualmente estamos viviendo. Pero insisto, es mi opinión.

Reconozco que me ha sido facil entender tu entrada de hoy, ya que hablabas de un tema que, aunque no deja de ser reciente para mi, lo he entendido, y me es mas fácil de comentar, aunque la verdad es fácil de comprender lo que tu explicas.

Saludos, Adriana.

Begoña dijo...

Hola, Adriana
Me alegro de que te haya servido para entender algo.
En cualquier caso no he querido insinuar que no sea una buena opción dejar el dinero en una cuenta bancaria: lo que he querido remarcar es el hecho de que el manejo del tiempo en las matemáticas financieras y, en la ciencia en general, diverge de la temporalidad humana.
No he visto la película que mencionas, pero si me la recomiendas lo haré gustosamente. Una vez más, muy bien, Adriana.
Un saludo:
Begoña

Anónimo dijo...

Discrepo rotundamente:

El tiempo es el infinito presente. Y ese es fácilmente controlable.
De lo contrario hazte mirar tu libertad. Puede ser que otro esté tomando las decisiones por tí.

En cuanto a los ahorros Adriana; éstos son el alma de los préstamos. Si nadie ahorra -cosa que ya ha sucedido- el sistema se viene abajo.
El dinero tiene que circular como el agua, si no se corrompe.
Si todos prestan y nadie ahorra el pantano se vacía.

Un saludo.

Begoña dijo...

Estimado/a internauta:
Aprovecho la tregua que me proporciona la ciencia en forma de aspirina efervescente para contestarte. Yo también discrepo. Probablemente no rotundamente, porque no tengo tan clara la cosa. Y también, advirtiendo que mi cerebro no se encuentra en su mejor momento. Y porque, acudiendo a San Agustín, al que, por cierto, cita Hawking en su Breve historia del tiempo, hay más cera que la que arde: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad.”

Aun admitiendo que lo que se vive es el presente –tesis que exige clarificar qué es el presente, ¿el instante?, ¿Aquiles y la tortuga?-; dudo mucho que quepa calificarlo de infinito; ni siquiera en nuestra percepción. A no ser que se considere que la infinitud es la continuidad, la duración; entonces, lo acepto. Si no, es eternidad y, ahí, más quisiera yo. Como decía el padre de un amigo "para vivir así más valdría no morir nunca".

Nuestro tiempo es finito, con lo cual, comparece su primera limitación o al menos la primera dificultad para su control. Por otro lado, sería pertinente preguntar al 90% de la humanidad si considera que su presente es fácilmente controlable o de si se trata de una mera cuestión de libertad. Me temo que no y que las restricciones son obvias, muchos viven confinados por la propia localidad; y ahí sí entra la economía.

En cualquier caso, sin citarlo y de una forma ciertamente poco rigurosa,mea culpa,- pero esto es un blog para principiantes y no la facultad de filosofía-, estaba intentando reflejar la intuición bergsoniana del tiempo. Un poco cartesiana y sujeta a mil críticas, lo admito. Bergson rechaza el tiempo de las matemáticas, que es el de las ecuaciones de la mecánica, no es el tiempo real, sino una abstracción fruto de una previa espacialización: una sucesión de instantes estáticos, indiferentes a las diferencias cualitativas. El tiempo, es reversible, controlable. En el tiempo humano, el tiempo del yo, los estados de conciencia se funden y organizan en una unidad que no es espacial, sino que posee las características de la duración. Esa y no otra era la pretensión del artículo.

En cualquier caso, gracias por tu intervención. Me temo que la aspirina acaba de perder sus benéficos efectos.

Begoña