domingo, 7 de marzo de 2010

Justicia para todos

"No es posible una economía positiva, no normativa ya que cualquier proposición económica implica, de forma implícita o explícita, juicios de valor”. (Gunnar Myrdal)


No forma parte de mi exiguo elenco de originalidades la defensa de la tesis de que la separación entre hecho y valor no deja de ser artificial. Lo positivo y lo normativo resultan, a la postre, las dos caras de una misma moneda. Sin embargo, esta tesis dista mucho de ser universalmente compartida. De hecho, como señala Cuadrado Roura "un locus classicus del análisis de los objetivos de la Política Económica ha sido la pertenencia de la distribución de la renta exclusivamente al mundo de la ética o su constitución como fin básico de la acción pública, con el mismo rango que pueda tener la política de estabilidad o de crecimiento económico".



La cuestión dista mucho de ser menor. Restringir el problema de la redistribución de la riqueza a los dominios éticos comporta más implicaciones que las propiamente organizativas. No se trata de dar al César lo que es del César, sino de evitar al César la incómoda cuestión de resolver el conflicto abierto entre eficiencia y equidad. Y en este contexto, ambas cuestiones remiten de un lado a la existencia de fallos de mercado (los agujeros negros de la eficiencia) y, del otro, a los fracasos del sector público.

El problema de la redistribución está emparentado con el de qué se considera justo desde una perspectiva económica. En ocasiones se plantea en términos de disyuntiva, cuando no de relación de contrarios. Justicia adversus libertad. Tal vez convenga dilucidar cuáles han sido los criterios clásicos de distribución: para ello, me subiré a hombros de un gigante: el mencionado Cuadrado Roura.

El primero de estos criterios consiste en distribuir a todos por partes iguales. La traducción política de esta máxima vendría a ser la consigna "cada persona, un voto". La crítica clásica al criterio alude al carácter desmotivador que implica para la producción y creación de riqueza (para qué esforzarse más, si el reparto es igualitario). Además, sus detractores apuntan que su puesta en práctica aboca la situaciones de distribución igualitaria de la pobreza.

El segundo defiende que la distribución debe hacerse atendiendo a las necesidades. Sin embargo, y a pesar de su aparente carácter de obviedad, este criterio exige una clarificación previa del concepto de 'necesidad' (que se mueve en las anticientíficas -irony intended- aguas de la subjetividad). Además, ¿qué porcentaje de insatisfechos se ha de satisfacer con los recursos existentes?

El tercer criterio habla de la distribución según los merecimientos. Una vez más, la temida subjetividad puede salir al paso en la medida en que se consideren los méritos función de los esfuerzos. Más objetivos resultan los resultados obtenidos como indicadores de los merecimientos. Ahora bien, dado que los seres humanos nacemos con diferentes cualidades y talentos, es evidente que la sola aplicación de este criterio ahondaría aún más en la brecha existente.


Y por último, el cuarto criterio habla de distribuir de acuerdo con el trabajo realizado. Este criterio, de raíces marxistas, habría de complementarse con criterios de justicia para cubrir las necesidades de quienes por circunstancias diferentes (enfermedad, ancianidad, discapacidad, etc) no pueden trabajar.

¿Justicia para todos?

2 comentarios:

Oscar dijo...

Buenas tardes Bogoña,
Sin duda un terreno complicado el que se trata en esta entrada: ¿cómo ser justos al distribuirla riqueza?.
El primero de los criterios de distribución me parece el más sencillo pero me muestro en total desacuerdo con él porque habrá unos que merezcan más que otros y si no se premian los méritos el nivel de esfuerzo por conseguir algo sería nulo.
El segundo sería un buen criterio si no fuera, y me remonto al principio de curso, porque las necesdades que uno tiene son ilimitadas y, sin embargo los recusos a repartir son escasos.
El tercer y cuarto a priori, y bajo mi punto de vista serían los más justos y equitativos pero, ¿quién ha hecho más méritos para obtenes más, quién ha realizado más trabajo?. Decidir quién ha hecho más méritos es demasiado subjetivo como para poder aplicarlos y, decidir quién ha trabajado más , dentro de un mismo trabajo es fácil pero es mucho más complicado cuando el trabajo es distinto porque no puede haber unos baremos comunes a todas las profesiones.
Lo cierto es que no sabría con cual quedarme.
Oscar Sádaba

Anónimo dijo...

La típica imagen en la que aparecen dos personas,una minúscula y otra en apariencia como un gigante,tiene como intención plasmar la idea de la mala distribución de la riqueza, la cual se origina en el hecho de que los pocos que tienen mucho son responsables de que haya muchos que tienen poco, porque aquellos no distribuyen su riqueza. La permanente reiteración de este planteamiento ha llegado a que este hecho se convierta en “normal”.

Ante todo, la riqueza debe ser creada, para que al final de cuentas sea posible que llegue a todos los estratos económicos; y ello solamente se puede lograr mediante el conocimiento, el estudio, la inversión de capitales con riesgo de perderlo, pero, sobre todo, con el trabajo duro y perseverante.

Es oportuno aclarar que la riqueza no es un "pastel que existe", que está allí de por sí y ante sí, del cual algunos pocos se sirven a su antojo, con la cuchara grande, dejando nada o casi nada para los demás. Esta situación es la que todos nosotros vivimos, puesto que no creo que halla muchos de los que “se comen la tarta”.

¿A quién se le debería culpar de esto que nos lleva preocupando desde siempre? Se podría decir que es debido a la discriminación con los menos favorecidos debido a la mala ejecución de los funcionarios o administradores del Estado, es decir, de los gobiernos, a quienes realmente corresponde hacer efectiva la buena distribución de oportunidades para todos los niveles sociales del país.

Todo esto sigue afectando seriamente, como es lógico al sector de menores recursos, que es el más vulnerable y el que más sufre las carencias.


Amaya Mugueta