domingo, 18 de octubre de 2009

After virtue

"Nadie ha aprendido las verdades de la ética asistiendo a conferencias o participando en seminarios, pues su índole es tal que sólo se pueden aprender prácticamente, participando, a ser posible desde la más tierna infancia,en formas de vida común en las que la virtud se adquiere cultivando determinados hábitos. (...)La filosofía puede a lo sumo ayudarnos a articular y clarificar teóricamente lo que previamente se ha aprendido en el ámbito de la práctica." (Alisdair Macintyre).


Escucho a Wim Mertens y no puedo evitar pensar en que pese a la complejidad del sistema y sus variables, la solución tal vez sea simple:
after virtue, justice. Sin embargo, no resulta fácil dilucidar qué es la justicia. Ayer fue el día Internacional para la erradicación de la pobreza. En mi ciudad (mía y de la mayoría de mis alumnos), Pamplona, la plataforma Pobreza Cero organizó la Charanga del Milenio. Pese a disponer de información y tiempo (no siempre se cumplen ambas condiciones) no estuve presente. Pese al llamamiento de los convocantes. Pese al soleado día otoñal con que ayer amaneció mi ciudad.


No me mueve el deseo de boicot. Todo lo contrario.No obstante, cada ser humano ha de enfrentarse irremediablemente a sus contradicciones. De un lado, la necesidad de solucionar el problema de la crisis alimentaria que lejos de erradicarse con el tiempo, se agrava. Del otro lado, la certeza de que el modus vivendi occidental, el mío propio, contribuye directamente a engrosar la bicha. El más elemental sentimiento del pudor me impide exigir a las instituciones aquello que no soy capaz de poner en práctica, aunque sea una convencida de que es necesario educar en el consumo responsable (muy atinada la
guía elaborada por economía solidaria) y en el respeto al medio ambiente. Pero esos contenidos exigen unos compromisos éticos previos. Sin embargo, no deseo caer en la lógica binaria del o todo o nada, extremadamente tranquilizante por otro lado, que conduce al inmovilismo. Además, la acción colectiva -no confundir con las manifestaciones callejeras- se ha revelado en ocasiones inusitadamente eficaz en la consecución de algunas causas a priori imposibles. Siendo esto así, desde la plataforma Pobreza Cero se insta a la difusión del mensaje. De ahí que pese al limitado eco que pueda tener este foro, no quiero renunciar a convertirlo en instrumento transmisor de la idea de que en última instancia es un problema de jerarquización. La justicia –apunta Alisdair Macintyre en un libro que comparte título con el trabajo de Mertens, After virtue- es la primera virtud de la vida política, y no puede existir comunidad donde no hay acuerdo previo sobre el concepto de justicia. Nuevamente, tras la virtud.




5 comentarios:

josafat dijo...

Saludos Maestra, como siempre, lecturas que despiertan la inquietud del conocimiento.

Anónimo dijo...

Saludos Begoña,
Ciertamente nuestro modo de vida actual hace más grande el fantasma del hambre que siempre planea sobre los países subdesarrollados y tercermundistas. Cierto es, al menos en apariencia, que cada vez estamos más concienciados sobre el hecho del hambre en el mundo y que cada vez hay mayor número de movilizaciones que consiguen crongregar a más y más personas pero no conseguimos que la pobreza y el hambre disminuyan lo que me lleva a pensar que desgraciadamente es sólo eso, apariencia.
A propósito de las movilizaciones que se tratan en la entrada me gustaría citar, o más bien elogiar, el esfuerzo de algunos de nuestros compañeros que ayer día 18por la mañana fueron, movidos por el colegio, a recaudar dinero para esta causa y que, afortunadamente, consiguieron bastante dinero.

Oscar Sadaba

Begoña dijo...

Buenas tardes a los dos:
En primer lugar, muchas gracias, Josafat, por su comentario. Siempre resulta gratificante que a una le digan que el tema elegido es interesante.
En segundo lugar, el hecho de que a pesar de que el número de movilizaciones vaya in crescendo, los problemas del hambre y la pobreza lejos de encontrar una solución se agudicen, hace pensar en que la movilización colectiva no puede acabar con el problema. La solución pasa por cambiar radicalmente nuestro modus vivendi. No sirven los petachos o las pequeñas modificaciones. ¿Estamos dispuestos a hacerlo? Sinceramente, creo que no. Para ello haría falta un cambio de paradigma ético-económico y no creo que las aguas vayan a discurrir por esos cauces. Ojalá me equivoque. Mientras tanto, y por no incurrir en el inmovilismo o la aceptación borrega del statu quo, es deseable reflexionar sobre nuestro papel en el mundo, nuestro concepto de justicia, nuestro concepto incluso de humanidad y adquirir hábitos de consumo responsable para con los demás y con el medio ambiente. Somos la primera generación que puede erradicar la pobreza, rezaba el antiguo aforismo que servía de bienvenida en el blog, pero como muy bien apostillaba David en un comentario, tal vez seamos también la última. ¿Quién sabe?
Un saludo y gracias:
Begoña

Lorea CHocarro Goñi dijo...

Buenas tardes Begoña:

Aunque el comentario que voy a escribir hoy no tenga tanto que ver con la economía, sino más bien con la ética, me gustaría plasmar aquí mi opinión, la cual se que puede que no sea muy correcta para algunas personas, pero así veo yo el tema de la pobreza, y lo hago sin intención de ofender a nadie.

Hace unos días, presenté en mi clase un tema al que titulé ´´los verdaderos héroes de nuestra sociedad´´ y guarda cierta relación con el tema tratado aquí.
En una de las partes de mi exposición, dije que es cierto que hay desigualdades entre los paises desarrollados y los paises en vías de desarrollo evidentemente, pero también es cierto, y ahora con la crisis se aprecia más, que en el primer mundo también hay grandes desigualdades y precisamente a los que hablan en el video no les falta absolutamente de nada.
Bajo mi punto de vista, y sabiendo que es casi imposible que ocurra, creo que la pobreza empezará a desaparecer cuando los sueldos de las personas sean justos, con esto quiero decir que tiene más merito un simple obrero que cualquier famoso (en mi opinión) y uno vive como un rey y el otro lucha cada día por mantener a su familia. Cuando estas cosas se igualen evidentemente todo el dinero que recibe ahora la gente famosa será el sueldo de los pobres por el trabajo que hacen, pero mientras no nos concienciemos de que hacemos ricos a gente que muchas veces nos divierte solo y no valoramos el trabajo de los que construyen nuestras casas por ejemplo, la pobreza seguirá existiendo y lo peor de todo es que seguimos idolatrando a actores y demás.
En conclusión, para erradicar la pobreza hay que valorar a cada persona justamente y no por su fama, y así empezará a desaparecer la pobreza, cuando sepamos ser justos y valor lo importante.

Espero que sirva de algo mi comentario:
Un saludo.
Lorea

Begoña dijo...

Buenas noches, Lorea:
Has enunciado cuestiones muy interesantes. La primera de ellas constituye un problema y al tiempo un objetivo de política económica básica: la redistribución o equidad. Cuando se habla de estas cuestiones, siempre hay quien argumenta que en un sistema de mercado cada uno tiene lo que se merece. Tal tesis remite al propio concepto de mérito, que, en ocasiones puede erigirse en factor de exclusión, cuando no un simple constructo social cambiante con las circunstancias.
Y en segundo lugar, que la erradicación de la pobreza es un asunto de justicia y, por tanto, de rearme moral, es mi tesis, con lo cual, miel sobre hojuelas.
Muchas gracias, Lorea, por tu interesantísima aportación.
Un saludo:
Begoña