"Crear es no copiar" (Jean Maximum)
Sostiene el texto de obligado estudio para mis alumnos de 2º de Bachillerato que la empresa es motor de innovaciones. Se está tentado a pensar que el carácter de esas novedades es siempre científico o tecnológico. Pero hay vida más allá de la ciencia y yo la he encontrado... ¿La empresa es motor de innovaciones o la innovación es el motor de esta empresa?
"Un primer curso de economía no permite dominar todos sus intrincados y esotéricos temas, pero puedo decirle basándome en la experiencia de estudiantes de todo el mundo que el mejor curso de economía es el de introducción. Una vez que haya entrado este nuevo y extraño jardín de ideas, el mundo nunca será igual. Y cuando dentro de unos años recuerde la experiencia, incluso lo que no entendía mucho entonces habrá madurado claramente." Paul Samuelson
lunes, 21 de septiembre de 2009
jueves, 17 de septiembre de 2009
La pérdida
"Economics is a science which studies human behavior as a relationship between scarce means which have alternative uses" Lionel Robbins.

Poseo un espíritu de almanaque orlado de citas edificantes. Nadie es perfecto que diría Joe E. Brown en Con faldas y a lo loco (maravillosa película para un domingo preinvernal). Para muchos, un aroma resulta motivo de evocación, para Proust, el sabor de una magdalena (amantes de los azares pulsen aquí) invoca los recuerdos más huidizos. En mi caso, una fórmula archirrepetida en las clases de economía despierta una suerte de pedantería atávica que se traduce en la utilización de una wikicita o wikiquote. En este caso, el aroma, la magdalena o pasta de té ha sido la idea de que las necesidades son ilimitadas y los medios escasos y en mi mapa de conexiones remite a la frase de Hölderlin que reza "el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona". El sentido último de la sentencia no es el mismo que el de la idea que he de transmitir a mis principiantes recién incorporados, pero apunta a esa tensión existente en toda vida humana entre la realidad y el deseo. Entre la inmensidad de los fines y la precariedad de los medios.
Un simple análisis de las circunstancias vitales de cada uno, arrojará como resultado la constatación de que las necesidades del ser humano son múltiples y susceptibles de infinito desarrollo. Existe la necesidad de alimentarse cada día, de ingerir una cantidad mínima de líquidos, de vestirse, de habitar bajo techo, descansar; si se indaga en cada uno de estos requerimientos, siempre es posible encontrar algún requisito más que demanda ser satisfecho. Además, la historia brinda abundantes ejemplos de necesidades nacientes que son alumbradas tras la satisfacción de otras tal vez más perentorias. En el hombre conviven naturaleza y cultura y ésa es la razón por la que, una vez cubiertas las necesidades de índole más fisiológica, ha de habérselas con otras más sofitiscadas, más elaboradas. (Véase al respecto una entrada más antigua dedicada a la famosa pirámide de Maslow). Es más, incluso la forma de satisfacer las necesidades fisiológicas está mediada por la cultura: la gastronomía propia de cada región es un claro ejemplo de este apunte.
No hay límite en este proceso, ni cabe imaginar la posibilidad de que se alcance un punto de inflexión a partir del cual todas las necesidades posibles sean satisfechas. Ni tan siquiera los integrantes de la lista Forbes que recoge los nombres de los más ricos del planeta escapan a la necesidad de elección. La limitación humana -siquiera temporal, aunque no sólo- explica que así sea.
El problema de la escasez no ha de ser comprendido, por consiguiente, en términos absolutos, sino relativos a esa capacidad infinita de experimentar necesidades. Esto es, está más emparentada con la insatisfacción que con la carencia de. De ahí que, los seres humanos se vean forzados a decidir cómo emplear unos recursos per se limitados para alcanzar la máxima satisfacción posible de sus necesidades. A causa de que las necesidades no pueden satisfacerse por completo y a que los medios disponibles pueden utilizarse de diferentes maneras para obtener diferentes fines, debe darse una elección entre fines y medios. La escasez implica que la elección es ineludible - perder o renunciar a una cosa a favor de otra, o lo que es lo mismo, asumir los costes de oportunidad. Elegir siempre comporta una pérdida. Eso o aceptar la máxima estoica también citada en estas páginas "pobre no es el que tiene poco sino el que mucho desea".

Poseo un espíritu de almanaque orlado de citas edificantes. Nadie es perfecto que diría Joe E. Brown en Con faldas y a lo loco (maravillosa película para un domingo preinvernal). Para muchos, un aroma resulta motivo de evocación, para Proust, el sabor de una magdalena (amantes de los azares pulsen aquí) invoca los recuerdos más huidizos. En mi caso, una fórmula archirrepetida en las clases de economía despierta una suerte de pedantería atávica que se traduce en la utilización de una wikicita o wikiquote. En este caso, el aroma, la magdalena o pasta de té ha sido la idea de que las necesidades son ilimitadas y los medios escasos y en mi mapa de conexiones remite a la frase de Hölderlin que reza "el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona". El sentido último de la sentencia no es el mismo que el de la idea que he de transmitir a mis principiantes recién incorporados, pero apunta a esa tensión existente en toda vida humana entre la realidad y el deseo. Entre la inmensidad de los fines y la precariedad de los medios.
Un simple análisis de las circunstancias vitales de cada uno, arrojará como resultado la constatación de que las necesidades del ser humano son múltiples y susceptibles de infinito desarrollo. Existe la necesidad de alimentarse cada día, de ingerir una cantidad mínima de líquidos, de vestirse, de habitar bajo techo, descansar; si se indaga en cada uno de estos requerimientos, siempre es posible encontrar algún requisito más que demanda ser satisfecho. Además, la historia brinda abundantes ejemplos de necesidades nacientes que son alumbradas tras la satisfacción de otras tal vez más perentorias. En el hombre conviven naturaleza y cultura y ésa es la razón por la que, una vez cubiertas las necesidades de índole más fisiológica, ha de habérselas con otras más sofitiscadas, más elaboradas. (Véase al respecto una entrada más antigua dedicada a la famosa pirámide de Maslow). Es más, incluso la forma de satisfacer las necesidades fisiológicas está mediada por la cultura: la gastronomía propia de cada región es un claro ejemplo de este apunte.
No hay límite en este proceso, ni cabe imaginar la posibilidad de que se alcance un punto de inflexión a partir del cual todas las necesidades posibles sean satisfechas. Ni tan siquiera los integrantes de la lista Forbes que recoge los nombres de los más ricos del planeta escapan a la necesidad de elección. La limitación humana -siquiera temporal, aunque no sólo- explica que así sea.
El problema de la escasez no ha de ser comprendido, por consiguiente, en términos absolutos, sino relativos a esa capacidad infinita de experimentar necesidades. Esto es, está más emparentada con la insatisfacción que con la carencia de. De ahí que, los seres humanos se vean forzados a decidir cómo emplear unos recursos per se limitados para alcanzar la máxima satisfacción posible de sus necesidades. A causa de que las necesidades no pueden satisfacerse por completo y a que los medios disponibles pueden utilizarse de diferentes maneras para obtener diferentes fines, debe darse una elección entre fines y medios. La escasez implica que la elección es ineludible - perder o renunciar a una cosa a favor de otra, o lo que es lo mismo, asumir los costes de oportunidad. Elegir siempre comporta una pérdida. Eso o aceptar la máxima estoica también citada en estas páginas "pobre no es el que tiene poco sino el que mucho desea".
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Tengo una casa
"En cierta ocasión oí a Sócrates discurrir así sobre la economía.
Sócrates: Dime, Critóbulo, ¿hay alguna profesión que se llame Economía, así como hay ciencia médica y oficios de herrero y carpintero?
Critóbulo: Yo así lo juzgo
Sócrates: Y pregunto, así como podemos determinar los objetos de estas artes, y las materias de cada una, ¿podremos igualmente demostrar de la economía cuáles son sus operaciones?
Critóbulo: Sí por cierto, el objeto del buen ecónomo es gobernar bien su propia casa"
Jenofonte, La economía y los medios de aumentar las rentas públicas de Atenas
No es necesario remontarse a Kant y a su famosa -al menos para los casi inexistentes estudiantes de filosofía- tercera antimonia entre naturaleza y libertad para detectar que las ciencias humanas presentan una diferencia cualitativa con respecto a las ciencias de la naturaleza. La razón de la divergencia es la presencia de un elemento perturbador: la libertad humana. La revolución metodológica que supone la entrada en escena de esa variable confiere a las ciencias humanas un status especial que para muchos, Samuelson entre otros, ha puesto en tela de juicio su condición de verdadera ciencia.
Sin embargo, no quiero comenzar esta nueva temporada con digresiones metaeconómicas: únicamente pretendo mostrar, como los alumnos de 1º de Bachillerato han aprendido hoy, que la economía es la ciencia de la libertad entendida en su acepción de 'elección'.
La afirmación de que únicamente se elige cuando se tiene necesidad de hacerlo puede resultar obvia. Tal vez el cometido de un enseñante sea poner de manifiesto lo que todo el mundo da por sentado. Si dispongo de 10.000 euros y quiero emprender dos viajes a México y Argentina que cuestan 5.000 euros no he de realizar ninguna elección. El problema comienza cuando mi presupuesto se limita -hermosa ficción- a 5.000 euros: la elección en ese caso deviene ineludible. De ahí que haya que señalar que la elección sólo tiene sentido cuando los recursos son escasos. Otro problema diferente será determinar qué se entiende por escasez, pero esa es otra historia con cualidades suficientes como para erigirse en protagonista de otra entrada.
Dado que los recursos son escasos, estamos condenados a elegir, y, por ende, a administrar nuestros bienes si queremos obtener el mayor partido de ellos. Esa idea de administrar, de organizar adecuadamente los usos de esos recursos limitados, está presente en el propio nacimiento del término "economía", cuya etimología griega -Jenofonte suele ser citado extraoficialmente como el progenitor de la criatura- remite a la bella expresión "administración del hogar". Aunque este significado originario no agote el objeto de esta ciencia, no suena mal como aproximación pensar en ella como la garante de la buena administración de la casa, aunque ésta tenga las dimensiones de la aldea global.
Jenofonte dixit.
Sócrates: Dime, Critóbulo, ¿hay alguna profesión que se llame Economía, así como hay ciencia médica y oficios de herrero y carpintero?
Critóbulo: Yo así lo juzgo
Sócrates: Y pregunto, así como podemos determinar los objetos de estas artes, y las materias de cada una, ¿podremos igualmente demostrar de la economía cuáles son sus operaciones?
Critóbulo: Sí por cierto, el objeto del buen ecónomo es gobernar bien su propia casa"
Jenofonte, La economía y los medios de aumentar las rentas públicas de Atenas
No es necesario remontarse a Kant y a su famosa -al menos para los casi inexistentes estudiantes de filosofía- tercera antimonia entre naturaleza y libertad para detectar que las ciencias humanas presentan una diferencia cualitativa con respecto a las ciencias de la naturaleza. La razón de la divergencia es la presencia de un elemento perturbador: la libertad humana. La revolución metodológica que supone la entrada en escena de esa variable confiere a las ciencias humanas un status especial que para muchos, Samuelson entre otros, ha puesto en tela de juicio su condición de verdadera ciencia.
Sin embargo, no quiero comenzar esta nueva temporada con digresiones metaeconómicas: únicamente pretendo mostrar, como los alumnos de 1º de Bachillerato han aprendido hoy, que la economía es la ciencia de la libertad entendida en su acepción de 'elección'.
La afirmación de que únicamente se elige cuando se tiene necesidad de hacerlo puede resultar obvia. Tal vez el cometido de un enseñante sea poner de manifiesto lo que todo el mundo da por sentado. Si dispongo de 10.000 euros y quiero emprender dos viajes a México y Argentina que cuestan 5.000 euros no he de realizar ninguna elección. El problema comienza cuando mi presupuesto se limita -hermosa ficción- a 5.000 euros: la elección en ese caso deviene ineludible. De ahí que haya que señalar que la elección sólo tiene sentido cuando los recursos son escasos. Otro problema diferente será determinar qué se entiende por escasez, pero esa es otra historia con cualidades suficientes como para erigirse en protagonista de otra entrada.
Dado que los recursos son escasos, estamos condenados a elegir, y, por ende, a administrar nuestros bienes si queremos obtener el mayor partido de ellos. Esa idea de administrar, de organizar adecuadamente los usos de esos recursos limitados, está presente en el propio nacimiento del término "economía", cuya etimología griega -Jenofonte suele ser citado extraoficialmente como el progenitor de la criatura- remite a la bella expresión "administración del hogar". Aunque este significado originario no agote el objeto de esta ciencia, no suena mal como aproximación pensar en ella como la garante de la buena administración de la casa, aunque ésta tenga las dimensiones de la aldea global.
Jenofonte dixit.
martes, 15 de septiembre de 2009
Volver a empezar

"Il y a deux sortes d'esprit : l'esprit de géométrie et l'esprit de finesse" (B. Pascal)
Mañana se ampliará el grupo de los principiantes. Será, curiosamente, su primera clase en Bachillerato. Doble responsabilidad. El reto, sin duda, será conseguir combinar en dosis adecuadas el espíritu de fineza y el de geometría. Tal vez resulte tópico comenzar por indagar en el objeto de una ciencia a la que van a dedicar unas 140 horas de su jornada escolar. Sin embargo, no es fácil definir cuál es el objeto de la ciencia económica en un mundo en el que el título de la asignatura se asocia a crisis y a malos augurios. No es fácil siquiera mostrar su carácter científico a tenor de la que está cayendo. No es fácil combinar el espíritu de geometría y el de fineza al que aludía el gran Pascal y que se ajusta como un guante a mi manera de concebir la enseñanza de esta disciplina. Precisión y visión de conjunto. Matemáticas y libertad ¿Hay dos tipos de espíritu o están en éste? Estupendo leitmotiv para un curso que se presenta prometedor. Como dice Forges: Jesús, qué empresa.
miércoles, 17 de junio de 2009
El círculo
"En todas las cosas parece existir como ley un círculo" Tácito
Hoy se ha cerrado el círculo. Mis ya ex-alumnos de 2º de Bachillerato han superado oficialmente el último escollo del año: la temida prueba de acceso. Todos ellos han aprobado la Selectividad y han obtenido una buena nota en el examen de economía. A todos ellos, mi más cordial enhorabuena. Que os vaya bonito.
Hoy se ha cerrado el círculo. Mis ya ex-alumnos de 2º de Bachillerato han superado oficialmente el último escollo del año: la temida prueba de acceso. Todos ellos han aprobado la Selectividad y han obtenido una buena nota en el examen de economía. A todos ellos, mi más cordial enhorabuena. Que os vaya bonito.
jueves, 4 de junio de 2009
Mi mapa del mundo
"Protégeme, que yo te protegeré" Sempronio
Mañana me despido de los que han sido mis alumnos de economía durante dos años. Tal vez, cuando por azar se acuerden de mí, me definirán como quien les enseñó a elaborar balances y cuentas de resultados. No me disgusta el título. La idea de organizar y preparar un balance y analizar las diferentes cuentas de resultados vitales resulta una buena imagen (algo economicista o incluso contable, lo admito) del quehacer vital. Entre los activos de su balance, en la categoría de inmovilizado intangible, me gustaría haber contribuido a ampliar su mapa del mundo. El tiempo determinará la amplitud de esas fronteras.
Y precisamente de fronteras (o de su ausencia) trata mi entrada de hoy. Nadie duda que Internet ha contribuido a volatilizar (si químicamente tiene sentido esa metáfora) las barreras existentes entre los distintos países. Suena a tópico, -a topicazo-, añadir que ha posibilitado un desarrollo de las comunicaciones como nunca ha sucedido en la ya extensa historia de la humanidad. La red de redes permite, como acertadamente señala Bauman, acabar con las restricciones de la localidad espacial, pero no de forma universal y democrática. El acceso está vedado para una gran parte de la humanidad que queda excluida de esta comunicación sin fronteras. Ése, sin duda, es otro tema.
Entre las potencialidades, oportunidades en la jerga al uso. de Internet en el ámbito económico-empresarial se encuentra el comercio electrónico o e-commerce. No es la única. Aunque la lectura que quiero proponer hoy está fechada hace un año, el debate que plantea no ha sido en absoluto cerrado. Me estoy refiriendo a las descargas P2P a través de la red y las implicaciones que esta práctica trae consigo para los creadores y las industrias relacionadas con la producción artística. Aunque a priori todo el mundo está de acuerdo con la idea general de que hay que proteger la creatividad frente a la imitación y la copia, no resulta fácil encontrar unanimidad en torno a las medidas articuladas para la protección. El intento de eliminar o prohibir las redes P2P y la imposición de cánones a determinados artículos susceptibles de ser utilizados como instrumentos para la copia han generado una fuerte polémica, cuando no indignación. Los artículos que aquí presento (a favor, en contra) expresan los dos extremos de la refriega. Extraigan sus propias conclusiones
Mañana me despido de los que han sido mis alumnos de economía durante dos años. Tal vez, cuando por azar se acuerden de mí, me definirán como quien les enseñó a elaborar balances y cuentas de resultados. No me disgusta el título. La idea de organizar y preparar un balance y analizar las diferentes cuentas de resultados vitales resulta una buena imagen (algo economicista o incluso contable, lo admito) del quehacer vital. Entre los activos de su balance, en la categoría de inmovilizado intangible, me gustaría haber contribuido a ampliar su mapa del mundo. El tiempo determinará la amplitud de esas fronteras.
Y precisamente de fronteras (o de su ausencia) trata mi entrada de hoy. Nadie duda que Internet ha contribuido a volatilizar (si químicamente tiene sentido esa metáfora) las barreras existentes entre los distintos países. Suena a tópico, -a topicazo-, añadir que ha posibilitado un desarrollo de las comunicaciones como nunca ha sucedido en la ya extensa historia de la humanidad. La red de redes permite, como acertadamente señala Bauman, acabar con las restricciones de la localidad espacial, pero no de forma universal y democrática. El acceso está vedado para una gran parte de la humanidad que queda excluida de esta comunicación sin fronteras. Ése, sin duda, es otro tema.
Entre las potencialidades, oportunidades en la jerga al uso. de Internet en el ámbito económico-empresarial se encuentra el comercio electrónico o e-commerce. No es la única. Aunque la lectura que quiero proponer hoy está fechada hace un año, el debate que plantea no ha sido en absoluto cerrado. Me estoy refiriendo a las descargas P2P a través de la red y las implicaciones que esta práctica trae consigo para los creadores y las industrias relacionadas con la producción artística. Aunque a priori todo el mundo está de acuerdo con la idea general de que hay que proteger la creatividad frente a la imitación y la copia, no resulta fácil encontrar unanimidad en torno a las medidas articuladas para la protección. El intento de eliminar o prohibir las redes P2P y la imposición de cánones a determinados artículos susceptibles de ser utilizados como instrumentos para la copia han generado una fuerte polémica, cuando no indignación. Los artículos que aquí presento (a favor, en contra) expresan los dos extremos de la refriega. Extraigan sus propias conclusiones
Once upon a time in America
"Deberíamos tener una percepción más humilde e integral del origen de nuestro éxito" (Malcolm Gladwell)
El verano está encima. Y no sólo por los días soleados que venimos disfrutando: la feria del libro, auténtico heraldo estival, se ha instalado en la Plaza del Castillo de Pamplona. Hace tiempo que me debato entre el irrestible atractivo que (no cualquier) página escrita ejerce sobre mí y la negativa a participar en un espectáculo populoso que privilegia la venta de ciertos títulos (en su mayor parte, absolutamente prescindibles) en detrimento de otros imprescindibles. Dado que soy una defensora a ultranza del conservacionismo y los libreros constituyen una especie en claro peligro de extinción, la pugna interior se salda a favor de la feria. Hoy, por tanto, nada más indicado que dedicar mi entrada a un libro. Una amiga me habló hace tiempo de Blink: The power of thinking without thinking del periodista anglo-canadiense Malcolm Gladwell. Aunque reservo su lectura para el auténtico verano (el dedicado a la holganza y al dolce far niente) no he sido capaz de resistirme al aperitivo del primer capítulo. Diagnóstico a vista de pájaro: de fácil lectura, preguntas interesantes, pero no apto para quienes gusten de discursos profundos y extensamente documentados.
He intentado dar con un vídeo en español en el que el propio autor hablara del libro. Sólo he encontrado esta entrevista en la que, entre otras cuestiones, presenta otro de sus libros: Outliers. Prometo seguir indagando.
El verano está encima. Y no sólo por los días soleados que venimos disfrutando: la feria del libro, auténtico heraldo estival, se ha instalado en la Plaza del Castillo de Pamplona. Hace tiempo que me debato entre el irrestible atractivo que (no cualquier) página escrita ejerce sobre mí y la negativa a participar en un espectáculo populoso que privilegia la venta de ciertos títulos (en su mayor parte, absolutamente prescindibles) en detrimento de otros imprescindibles. Dado que soy una defensora a ultranza del conservacionismo y los libreros constituyen una especie en claro peligro de extinción, la pugna interior se salda a favor de la feria. Hoy, por tanto, nada más indicado que dedicar mi entrada a un libro. Una amiga me habló hace tiempo de Blink: The power of thinking without thinking del periodista anglo-canadiense Malcolm Gladwell. Aunque reservo su lectura para el auténtico verano (el dedicado a la holganza y al dolce far niente) no he sido capaz de resistirme al aperitivo del primer capítulo. Diagnóstico a vista de pájaro: de fácil lectura, preguntas interesantes, pero no apto para quienes gusten de discursos profundos y extensamente documentados.
He intentado dar con un vídeo en español en el que el propio autor hablara del libro. Sólo he encontrado esta entrevista en la que, entre otras cuestiones, presenta otro de sus libros: Outliers. Prometo seguir indagando.
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