miércoles, 5 de marzo de 2014

La vergüenza

"Otro valor perdido es la vergüenza. ¿Han notado que la gente ya no tiene vergüenza y, entonces, sucede que entremezclados con gente de bien uno puede encontrar, con amplia sonrisa, a cualquier sujeto acusado de las peores corrupciones como si nada? En otro tiempo su familia se hubiera enclaustrado, pero ahora todo es lo mismo y algunos programas de televisión lo solicitan y lo tratan como a un señor". Ernesto Sábato. La resistencia.

Si es cierto el viejo adagio de que "somos lo que leemos", parte de lo que actualmente es quien esta entrada escribe procede de El túnel de Ernesto Sábato. Necesarias lecturas iniciáticas de jóvenes y presuntuosos aspirantes a intelectual. ¿Cuál fue la tuya, querido y ex-principiante lector?

Si es cierto, además, que contraemos una deuda con los autores que escribieron esos libros y con aquellos que nos los presentaron, quien esta entrada escribe se confiesa acreedora de Ernesto Sábato y de aquel compañero de universidad que, en su día, compartió con ella su juvenil canon literario. La segunda deuda no tiene visos de ser ya saldada; la primera tampoco, aunque estas letras pretendan ser un homenaje a este autor argentino que, según la wikipedia, cultivó la escritura, la pintura y la física. 

En el año 2000, último del milenio anterior, Sábato dirigió cinco cartas a sus lectores bajo el título de La Resistencia. En ellas, haciendo gala de una inusual lucidez, alerta sobre las consecuencias de la consideración economicista del ser humano que al final confluyen en la sociedad del miedo, de lo virtual, hundida en y por su propio nihilismo. En esa desvalorización de los valores cuasi nietzscheana, la desvergüenza se ha convertido en moneda de cambio en las plazas más variadas.

En una de las primeras clases introductorias de 1º de Bachillerato, se presenta la distinción clásica entre economía normativa y economía positiva: o la dicotomía entre deber ser y ser. Una clasificación más académica que real, en la medida en que la economía es una ciencia humana (adjetivo que puede resultar para muchos algo incómodo o de difícil manejo). Dicho de otra forma: los juicios sobre lo que la realidad económica debería ser no son ajenos a lo que de hecho es. En este sentido, una de las caras de la desvergüenza es el divorcio entre lo que algunos productos financieros son y lo que deberían ser, v.g., las preferentes. 

Antes de seguir avanzando, conviene definir qué son estos instrumentos financieros llamados 'participaciones preferentes'. Grosso modo, estos productos de inversión constituyen un híbrido entre obligaciones (títulos de deuda, que convierten a sus poseedores en acreedores de una empresa) y acciones (títulos que convierten a sus poseedores en propietarios de una sociedad anónima). Las obligaciones son títulos de renta fija (su propietario conoce el tipo de interés que recibirá como "pago" a su préstamo) y, en ese sentido, no presentan grandes riesgos. Las acciones, por su parte, permiten participar en las decisiones sobre la vida de la empresa, pero no son títulos de renta fija, pues no tienen fecha de vencimiento. Si la empresa obtiene beneficios, los accionistas podrán cobrar sus correspondientes dividendos. Pues bien, las participaciones preferentes son semejantes a las obligaciones en la medida en que convierten a sus propietarios en acreedores de las empresas emisoras (en este caso, los bancos), pero el interés que reciben como compensación es variable, a diferencia de las obligaciones: la entidad paga una rentabilidad según sus resultados, llegando incluso a no pagar nada (si los resultados son negativos). En este punto, son semejantes a las acciones, sólo que, a diferencia de éstas, no confieren el derecho a voto. Asimismo, como las acciones no tienen fecha de vencimiento, por lo que pueden considerarse títulos de deuda perpetua. El banco si no quiere, no tiene por qué devolver el valor del título a los inversores.

A pesar de todo, el atractivo de estos productos es que, en época de bonanza, ofrecían rentabilidades muy altas (cercanas al 7% según la OCU). Son, por ende, un instrumento interesante para inversores con un perfil arriesgado y con conocimiento de causa. 

¿Cuál es el origen de la desvergüenza? El que esos productos se vendan a pequeños inversores con escasos conocimientos financieros y que descubren, con estupor, que sus ahorros están blindados y que no pueden ser recuperados. 

¿Cuál es la epítome de la desvergüenza? Leer en la prensa que el expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa alegue ante el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu que los jubilados que adquirieron participaciones preferentes de la entidad no eran "ignorantes financieros" y que en todo caso eran "responsables" de lo que firmaban. Ante esta declaración no queda otra que preguntarse con Sábato: "¿acaso no es un crimen que a millones de personas se les quite lo poco que les corresponde? ¿cuántos escándalos hemos presenciado, y todo sigue igual, y nadie -con dinero- va preso? La gente sabe que se miente, pero parece una ola de tal magnitud que no se la puede impedir. ¿Hasta dónde vamos a llegar?". Lúcido Sábato.









viernes, 28 de febrero de 2014

El tiempo entre pañales

"Y la vida escapando,
Como sangre sin cárcel,
Desde el fatal olvido en que caías"
Luis Cernuda, La realidad y el deseo

Y estos dos años se han escapado entre ecografías y pañales. De nuevo Virgilio y su fugit irreparabile tempus. Un buen tema para retomar los mandos de este barco que navega sin rumbo por los océanos virtuales. Pero tal vez algún principiante se pregunte qué relación mantienen el tiempo y la economía más allá del tópico del "tiempo es oro". 

Mis alumnos de 1º de Bachillerato se bautizan en esta disciplina con la consigna de que el principal problema económico es la escasez. Desde esta perspectiva, no resulta difícil advertir que el tiempo es un bien escaso. ¿Quién no ha deseado en alguna ocasión que el día tuviera más de 24 horas? ¿Quién no ha querido estar en las campanas y repicando? ¿en el fútbol y en una fiesta? Por tanto, si se acepta que la economía ha de abordar el problema de la escasez, está claro que el uso del tiempo forma parte de su objeto como ciencia humana.

Otra manera, quizás más técnica de encarar la relación entre el tiempo y la economía reside en el concepto de 'coste de oportunidad'. Cuando alguien invierte -el uso de esto verbo no es casual- su tiempo en una actividad (o incluso en la ausencia de ésta), está renunciando a emplearlo en otra alternativa. Tanto es así que incluso es posible asignar un valor monetario a ese empleo del tiempo. Un corolario inquietante se impone: el sistema capitalista ha convertido el tiempo en un producto más. 

En este tiempo entre pañales, he tenido ocasión de volver a ver la magnífica película El empleo del tiempo de Laurent Cantet. A través del drama vital y dolorosamente actual del personaje principal, un padre de familia despedido de su empleo y que finge seguir ocupado como funcionario de la ONU, el espectador no puede dejar de pensar en la deriva que ha tomado la concepción del tiempo. Tiempo concebido como mercancía, como valor de cambio, que sólo cobra sentido en la medida en que es empleado en "algo útil" y ante el que se experimenta una suerte de horror vacui cuando no se dedica al negocio (nec-otium, no ocio). La consecuencia es que el ser humano se ha convertido en empleado y no en señor de su propio tiempo: la alienación moderna por excelencia. 

¿Cómo recuperar el concepto de tiempo perdido en un sistema como el nuestro? Difícil empresa, en la medida en que, precisamente, lo que se ha limitado es el campo de elecciones personales. Tal vez lo único que quepa sea reflexionar sobre el propio empleo del tiempo. En mi caso, durante mi tiempo entre pañales. 



lunes, 26 de marzo de 2012

Sostiene Pereira

"La filosofía parece ocuparse de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad"

"Pues bien, dijo el doctor Cardoso, creer que somos "uno" que tiene existencia por sí mismo, desligado de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, representa una ilusión (...) lo que llamamos la norma, o nuestro ser, o la normalidad, es sólo un resultado, no una premisa, y depende del control de un yo hegemónico que se ha impuesto en la confederación de nuestras almas"
(Sostiene Pereira. Antonio Tabucchi)

Sostiene alguien que conoció a Pereira hace muchos años, cuando Lisboa sólo formaba parte de una educación sentimental más literaria que literal. Hoy, una instantánea de esa fantástica ciudad, en la que lo literal supera incluso a lo literario, preside el umbral de este blog que hoy es más literario que filosófico y más filosófico que económico.

Sostiene también que el inefable escritor de necrológicas, amigo de las omelettes a las finas hierbas; el feo, católico -aunque perplejo ante la posibilidad de considerar la personalidad como una suerte de confederación de almas- y sentimental amigo de Monteiro Rossi y su novia Marta la cautivó desde su primera aparición en esa magnífica jornada veraniega, soleada y airada.

Sostiene que tal vez con la muerte de Tabucchi ha muerto, asimismo, al menos una provincia de su propia confederación de almas, aquella cuya capital era, sin duda, Lisboa. Descanse en paz Antonio Tabucchi.

sábado, 10 de marzo de 2012

El objetivo

"He venido a Kumasi sin objetivo alguno. Por lo general se cree que tener un objetivo marcado es algo bueno: que la persona sabe lo que quiere y lo que persigue; por otra parte, sin embargo, tal situación le impone unas anteojeras, como las de los caballos: ve única y exclusivamente su objetivo y nada más. Y ocurre, por el contrario, que lo que está más allá, lo que sale del límite impuesto en amplitud y profundidad puede resultar mucho más interesante e importante. A fin de cuentas, entrar en un mundo diferente significa penetrar en un misterio, y ese misterio puede guardar muchos laberintos y recovecos, ¡tantos enigmas e incógnitas!" (Ryszard Kapuszinski.Ébano)


Pocos libros de viajes emocionan tanto al lector como los de Ryszard Kapuszinki. Y lo hacen porque en ellos están presentes la alegría del descubrimiento y las revelaciones del azar. Me gusta esa idea de viajar sin objetivos, ni anteojeras prestándose gustosamente a las maniobras de un destino tan abierto como la propia ruta. Sin duda, se trata de una hermosa metáfora vital, que choca inevitablemente contra el muro de nuestras mentes empeñadas en marcarse metas, objetivos, puntos de llegada o como quiera llamarse a esa suerte de domesticación del futuro. Porque la meta es la razón de la carrera; el objetivo del plan y el plan es el puente que une el presente y lo que está por llegar, por alcanzarse.

La empresa, en este sentido, no es una excepción a ese afán planificador netamente humano. Cuando hablaba con mis alumnos de 2º de Bachillerato de las funciones que ha de desempeñar un directivo en una organización, enumeraba las cuatro siguientes: planificación, organización, gestión y control. Pues bien, la planificación tiene que ver con el establecimiento de objetivos, en la medida en que éstos constituyen el resultado final que se espera alcanzar con el plan. Y para muestra varios botones: la obtención de beneficios, el crecimiento de la empresa a través del aumento del volumen de ventas y de la cuota de mercado, la eficiencia, el valor de las acciones de la empresa, el servicio al cliente, conforman el habitual elenco de objetivos empresariales.

Unos objetivos bien definidos permiten a los directivos establecer prioridades; lo que en términos de Kapuszinski podría expresarse como ponerse las anteojeras. La literatura al uso señala que para ser eficaces los objetivos deben cumplir varios requisitos:
1. Ser establecidos en términos específicos y cuantificables y limitados a un período de tiempo.
2. Suponer un reto, pero ser realistas, o sea, que sean alcanzables
3. Estar muy apoyados por los superiore
4. Ser capaces de generar entusiasmo en los subordinados
5. Ser puestos por escrito y comunicados a todos los subordinados involucrados en su consecución

Pero, ¿qué ocurre cuando una organización no "se presta gustosamente a las maniobras de un destino tan abierto como la propia ruta" y, es, por consiguiente incapaz de alcanzar sus objetivos? La respuesta está en el couching. To be continued.

domingo, 4 de marzo de 2012

Amores informales

"-¿Cuál es tu método para calcular la probabilidad de los encuentros entre las personas?
-¿Tú conoces algún método?
-No. Y lo lamento -dije- Es curioso, pero la vida humana nunca ha sido sometida a investigación matemática. Fíjate por ejemplo en el tiempo. Desearía que existiese un método experimental que mediante electrodos fijos a la cabeza de la gente investigase el porcentaje de vida que el hombre dedica al presente, el que dedica a los recuerdos y el que dedica al futuro. Así conoceríamos quién es realmente el hombre en relación con el tiempo. Qué es el tiempo humano. Y seguro que podríamos determinar tres tipos básicos de hombre, según la forma de tiempo dominante para él. Y para volver a las casualidades ¿acaso podemos decir algo en serio sobre la casualidad en la vida sin una investigación matemática? Pero lamentablemente la matemática existencial no existe"
Milan Kundera. La inmortalidad

Lamentablemente la matemática existencial no existe y dos más dos pueden superar al cuatro, y es aquí donde la organización de empresas se revela como una disciplina netamente humana. Abordaba hoy con mis alumnos de 2º de Bachillerato la cuestión de la organización formal y de su hermana respondona: la organización informal.
Hablar de organización formal es hablar de planes previos, de estructuras creadas ad hoc y, en última instancia, de racionalidad. De esta manera, la organización formal de la empresa resulta ser el correlato del orden, la aplicación de principios y el pragmatismo entendido como inteligencia práctica. La organización formal es incluso representable en un organigrama: constructo que presenta a la empresa como un todo ordenado, en el que cada cual tiene su lugar y su función.
Por contra, hablar de organización informal es hablar del ser humano y de sus pulsiones; de reacciones espontáneas y casi irracionales a la comunicación de sentimientos como son la simpatía o la antipatía. Tal vez el correlato práctico de la organización informal venga dado por la máquina del café; espacio humano par excellence en las organizaciones.

En resumen: organización y espontaneidad. Inteligencia y sentimientos. Formal e informal. La utilización de conjunciones copulativas y no disyuntivas no es casual. No es posible renunciar a lo informal; de ahí que, ejercer correctamente la función de organizar pasa inevitablemente por admitir que lo espontáneo existe: si no puedes con el enemigo únete a él. El vídeo que hoy propongo representa una parodia de esta dicotomía: no se puede controlar lo incontrolable. La matemática existencial no existe, ¿lamentablemente?

miércoles, 29 de febrero de 2012

Un mundo feliz

Es importante hacerlo

quiero que me relates
tu último optimismo
yo te ofrezco mi última
confianza

aunque sea un trueque
mínimo

debemos cotejarnos
estás sola
estoy solo
por algo somos prójimos

la soledad también
puede ser
una llama.

"Canje", Mario Benedetti

Cuando comencé mi andadura en el mundo de la educación, tuve que hacerme cargo de la docencia de la asignatura Ética de 4º ESO. Con la ingenuidad que proporcionaba la flamante y recién adquirida licenciatura en Filosofía, me propuse que mis alumnos leyeran esa obra perteneciente al subgénero de literatura de utopías llamada Un mundo feliz. Mi principiante y ambiciosa intención fue que mis alumnos reflexionaran sobre la deriva deshumanizadora a la que parecía (y parece, ay) abocado nuestro mundo. He de reconocer que siento debilidad por su autor y que La Isla, leída recientemente, me parece que debería ser de obligada, que no impuesta, lectura.



Mis entonces alumnos recurrieron al recién nacido Rincón del Vago con el expeditivo objetivo de pasar el trance airosos, sumiéndome en la más absoluta de las perplejidades y desilusiones. Mi inexperiencia me impedía advertir que el problema no residía tanto en mis alumnos, sino en mi propia incapacidad para establecer objetivos realistas y adecuados al público al que me dirigía. Un mundo feliz encierra demasiadas potencialidades para ser perfectamente comprendida por el alumno medio de 4º de ESO y, por otro lado, adelantar (o incluso obligar a probar) manjares a paladares que no están aún preparados para su degustación resulta siempre contraproducente.

Te imagino, querido lector, preguntándote a dónde quiero ir a paarar con la alusión a este libro y con mi particular batallita de principiante: una nueva visita al mundo feliz y de una manera poco ortodoxa. El otro día, recibí una invitación vía facebook (véase marketing viral) a unirme a una red de personas interesadas en la práctica del trueque. Quien cursaba la invitación describía esta forma de intercambio como un retorno a los orígenes: una suerte de mundo feliz en el que la codicia y la avaricia generadas por la aparición del dinero y los mercados financieros iban a ser erradicadas. Este mundo feliz alcanzado por obra y gracia del trueque se sitúa en las antípodas del mundo feliz de Huxley.

Tal vez convenga, sin embargo, comenzar definiendo qué se entiende por trueque. Según el DRAE es "el intercambio de bienes y servicios, sin mediar la intervención del dinero". Mis alumnos de 1º de Bachillerato han estudiado que esa forma de intercambio presenta dos problemas que lo convierten en un método ineficiente. Por un lado, para que sea posible el trueque tiene que existir lo que se ha dado en llamar "confluencia de necesidades"; si yo necesito un corte de pelo y soy zapatero, deberé encontrar a un peluquero que desee zapatos, búsqueda que supondrá costes de información. Una vez encontrado el peluquero sin zapatos deberemos acordar la tasa de intercambio, esto es, a cuántos cortes de pelo equivalen esos zapatos, lo que requiere un proceso de negociación con sus correspondientes costes. La moraleja que los manuales de economía extraen es que una economía monetaria supone básicamente un ahorro de todos estos costes. Un mundo más eficiente y tal vez más feliz o, al menos, con más tiempo disponible para buscar la felicidad.

He de admitir que, cuando al buscar documentación para esta entrada, di con el, como poco interesante, documental argentino siguiente no pude menos que pensar que tal vez, sólo tal vez, los manuales de economía no estaban totalmente en lo cierto. ¿Es el trueque la antesala de un mundo -al menos- más feliz? Quizás la felicidad requiera "un trueque mínimo". Always Benedetti.


domingo, 26 de febrero de 2012

Un tranvía llamado deseo

"En última instancia, lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado" Friedrich Nietzsche
"Juegas tú... ¿o juegan contigo?" Slogan ideado por Isaías Cruz, recordado y brillante ex-alumno, y ganador del concurso escolar organizado por la Asociación de Ludópatas Aralar

Tempus fugit, reza el tópico virgiliano. Varias
entradas atrás, incluso varios años atrás, ay, hablaba en un post del supuesto de la racionalidad del consumidor. Entre las primeras lecciones de economía que reciben los principiantes de 1º de Bachillerato está la idea de que la teoría económica estándar, si es que existe tal entidad, se basa en la premisa de que el consumidor es racional. Tal presupuesto ha sido objeto de reiterados debates. El penúltimo, de la mano de Dan Ariely, con Predictably Irrational, traducido al español bajo el sugerente título de las "trampas del deseo". El autor, economista en el MIT, llega a afirmar que "una vida con menos normas de mercado y más normas sociales sería más satisfactoria, creativa, plena y divertida".

Este libro resulta ser, además, un buen ejemplo de mestizaje disciplinar; su objeto de estudio caería en lo que se ha dado en llamar behavioral economics, esto es, economía del comportamiento, que viene a ser el estudio, mediante experimentos, de lo que la gente de hecho hace cuando compra, vende, cambia de trabajo desea o toma otras decisiones en su vida cotidiana.

Para abrir el apetito lector, les invito a ver el programa que Eduard Punset dedicó a Ariely. De nuevo, el interrogante de mi ex-alumno: ¿juegas tú?.... o ¿juegan contigo?



































miércoles, 22 de febrero de 2012

Pi: fe en el caos.

"Las matemáticas poseen no sólo la verdad, sino cierta belleza suprema. Una belleza fría y austera, como la de una escultura" (Bertrand Russell)




Tal vez fuera Platón uno de los primeros en relacionar las ideas de Bien, Verdad y Belleza. Es reconfortante comprobar que 25 siglos después, los seres humanos sigamos indagando en los mismos interrogantes. Daren Aronofsky, famoso director, conocido por otro cisne negro, plantea en Pi: fe en el caos . El personaje principal de la película, Max Cohen afirma: "reitero mis sospechas. 1. Las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza. 2. Todo lo que nos rodea se puede representar y entender mediante números. 3. Si se hace un gráfico con los números de un sistema se forman modelos. Estos modelos están por todas partes de la naturaleza."

Max considera que cualquier sistema complejo está constituido por un mismo patrón numérico universal y trata de descubrirlo a partir de algo tan esencialmente azaroso como las fluctuaciones de la bolsa de valores. El conocimiento del ansiado patrón le permitiría conocer los arcanos más intrincados del universo: desde el porqué de la caída de una hoja hasta la propia existencia humana.


No es de extrañar por tanto que al leer este artículo, me viniera a las mientes el argumento de la película Pi. ¿La belleza de la destrucción?

lunes, 20 de febrero de 2012

La conjura de los necios

"Cuando Fortuna hace girar su rueda hacia abajo, vete al cine y disfruta más de la vida". Ignatius estaba a punto de decirse esto, cuando recordó que iba al cine casi todas las noches, girase como girase la rueda de la Fortuna. (John Kennedy Toole. La conjura de los necios)


Ignatius Reilly se ha ganado una hornacina en mi santoral literario en justo pago por las carcajadas suscitadas. El personaje protagonista de la novela póstuma de J.K. Toole, La conjura de los necios, suele ser descrito como el correlato obeso, proclive a la gula, vago redomado y socialmente inadaptado, de nuestro don Quijote de la Mancha. Hay quien considera este relato como una obra menor; pero tal vez la catalogación derive del hecho de que todo aquello que se presenta bajo el disfraz de la comicidad es juzgado con la etiqueta de simple (el adjetivo no es accidental) divertimento. Las profundas raíces de esta subordinación de lo cómico a lo dramático fueron abordadas por Umberto Eco en El nombre de la rosa; de hecho, la trama encuentra su explicación final en las implicaciones de la risa. No hace mucho aseguraba que el tema de la risa iba a ser el objeto de su último libro. Ojalá que así sea.

Con la venia de Eco, quisiera añadir que la sátira no deja de ser una de las rostros de la medusa de la crítica, si no la más punzante y atrevida. En esta línea, el libro de Toole representa uno de los dardos más chispeantemente envenenados contra el american way of life, o, mejor dicho, contra nuestro modo de vida actual.

Esta querencia indisimulada por lo mordaz ha hecho del programa Salvados uno de mis favoritos de entre la parrilla televisiva actual. Mientras veía el 18 de diciembre del año pasado a Jordi Evole, su presentador, entrevistar a Josef Ajram, el fantasma de Ignatius compareció ante mí. ¿Estamos ante una (verdadera) conjura de los necios? Juzguen por ustedes mismos.


lunes, 13 de febrero de 2012

Robinson Crusoe

Pero, ¿por qué había de preocuparme el mucho tiempo que consumían estas cosas? Bien claro estaba que me sobraba tiempo, y si mis trabajos hubieran terminado antes me habría quedado sin saber qué hacer, salvo explorar la isla en busca de alimento, cosa que llevaba a cabo casi diariamente. Daniel Defoe, Robinson Crusoe.


Pertenezco a una de esas generaciones consumidoras de grandes clásicos adaptados. Una forma quizás poco ortodoxa de acercarse a la literatura, pero, en algunos casos (no sé si en el mío) eficaz, si por eficacia se entiende, como mis alumnos de 2º de Bachillerato saben, la acción de conseguir los objetivos que alguien se ha propuesto.

Entre mis clásicos adaptados favoritos se encontraba la versión del náufrago más famoso de la historia, Robinson Crusoe. Todo un maestro de la eficiencia y de la eficacia, conceptos que van a ser examinados en esta entrada.

Todo buen análisis ha de partir de la comprensión de los conceptos que constituyen su objeto. Así, según la RAE, se entiende por 'eficiencia' la "capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado"; y por 'eficacia' la "capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera'. Parece evidente que ambos principios han de regir el quehacer económico, aunque el primer concepto ponga el acento en los medios y el segundo en los fines. Llegados a este punto, y admitiendo que tanto eficiencia como eficacia resultan vitales para la supervivencia de una empresa, cabría, sin embargo, plantearse cuál debe ser prioritaria.


Se atribuye erróneamente a Nicolás Maquiavelo la lapidaria y habitualmente malinterpretada frase de que "el fin justifica los medios". Inciso: siempre me ha parecido interesante rastrear el origen de estas falsas atribuciones de paternidad a determinadas sentencias. Tal vez lo haga con mis alumnos de Literatura Universal. Esta afirmación, que podría colegirse tras una lectura de El príncipe, podría ser asumida -con matices- por Peter Drucker, nuestro gigante de hoy, a la hora de abordar la cuestión de la eficiencia y la eficacia. "Efficiency is doing things right; effectiveness is doing the right things" afirma Drucker.

La tesis de este autor inclina la balanza hacia la eficacia "La eficacia es un requisito del éxito, la eficiencia es una condición mínima para sobrevivir después de que se ha alcanzando el éxito". Es decir, en el mundo empresarial la eficacia deviene imprescindible.

Ser eficaz conlleva el establecimiento de fines y objetivos, así como de las tareas necesarias para su consecución y su priorización. Asimismo, implica que aquello que se lleva a cabo es viable y no se aleja del fin último. De ahí que no tenga sentido hablar de eficiencia -optimización de los medios- si no es en relación con el logro de un fin.

No se trata de una simple cuestión terminológica o semántica. Y pondré un ejemplo. A día de hoy es frecuente escuchar en diferentes foros que debe examinarse la eficiencia del sector público; sin embargo, no lo es tanto el plantearse la cuestión de su eficacia. Ambas perspectivas llevan a emprender caminos y llegar a conclusiones más o menos estrechas de miras. Se abre la veda para el debate. Como Robinson, tenemos tiempo.



























sábado, 11 de febrero de 2012

La mirada de Ulises

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.. (Kavafis)

En ocasiones, resulta difícil el regreso a Ítaca; en ocasiones, los ruegos son escuchados y en ocasiones, el viaje está plagado de peripecias y de experiencias. Personales y económicas. Y de estas últimas quiero hablar en este retorno a mi ítaca particular. Mis alumnos de 1º Bachillerato, principiantes con 3 meses de viaje, han compartido ya algunas de esas zozobras en forma de cifras macroeconómicas. Pero tal vez no convenga empañar la alegría de la vuelta con el recuerdo de lestrigones o cíclopes, sino recordar lo aprendido. De los que saben.

Argos siempre estuvo aquí.


domingo, 26 de septiembre de 2010

Lo real

"La realidad no es cosa única y homogénea; se halla inmensamente diversificada, poseyendo tantos esquemas y patrones diferentes cuantos diferentes organismos hay" (E. Cassirer)

Nuevo curso; nuevos alumnos. Y, un año más, quien escribe este cuaderno de bitácora propone y se propone seguir indagando en y reflexionando sobre todo aquello que suscite su interés. Objetivo ambicioso para alguien que ha de comenzar confesando su torpeza, pero que no olvida la frase de Juan de Salisbury (también atribuida a Bernardo de Chartres). Somos enanos a hombros de gigantes. Enanos conscientes de que la realidad no es cosa única y homogénea. Tampoco la economía ni los nuevos lectores de este blog. Bienvenidos.

viernes, 28 de mayo de 2010

El amor en los tiempos del cólera

"El retroceso de las habilidades de sociabilidad se ve fogoneado y acelerado por la tendencia, inspirada por el modelo de vida consumista dominante, a tratar a los otros seres humanos como objetos de consumo según la cantidad de placer que puedan llegar a ofrecer, y en términos de "coste-beneficio". A lo sumo, los otros son valorados en tanto compañeros-en-la-esencialmente-solitaria-tarea del consumir, compañeros de alegrías consumistas, cuya presencia y activa participación pueden intensificar esos placeres. Perdido por el camino ha quedado el valor intrínseco de los otros en cuanto seres humanos únicos e irrepetibles, así como la preocupación por el cuidado de la propia y ajena especificidad y originalidad. La solidaridad humana es la primera baja de la que puede vanagloriarse la sociedad de consumo" (Zygmunt Bauman. Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos)


No creo revelar ningún secreto si afirmo que leer a Z. Bauman me resulta un auténtico placer. Azote de la sociedad de consumo y profundo analista de la sociedad actual, tal vez pase a la historia por haber acuñado el término de modernidad líquida, concepto que alude a la fragilidad que caracteriza a todas las estructuras sociales actuales. Hoy se ha publicado en la prensa que junto con otro sociólogo francés, Alain Touraine, ha merecido el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Aunque él nunca llegará a descubrir este foro, no puedo dejar de expresar mi más cordial enhorabuena. Al resto, regálense en la feria del libro de su ciudad un libro de Bauman. O mejor: hagan que se lo regalen. Ya me contarán.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Concursantes

"La pretensión implícita en una aseveración es como la pretensión o reivindicación de un derecho o un título. Como ocurre con la reivindicación de un derecho, aunque pueda darse el caso de que se conceda sin discusión alguna, su valor depende de los méritos de los argumentos que puedan aducirse en su apoyo". Stephen Toulmin. Los usos de la argumentación.

Los caminos del azar son inescrutables. Hace unos días, mientras leía el interesante libro de Stephen Toulmin de cuyas páginas he extraído la cita que encabeza mi entrada de hoy, cuando tuve acceso a la secuencia que figura a continuación de la película Concursantes. Toulmin intenta (y consigue, a mi modo de ver) abordar con rigor problemas que tienen que ver con la lógica, dicho de otro modo, cuáles son los cánones y métodos que se usan cuando, en la vida cotidiana, se evalúa la validez, la fuerza y el carácter concluyente de los argumentos. En la escena que hoy propongo analizar se esboza una argumentación que lleva a unas conclusiones ciertamente perturbadoras. Y aquí, querido lector, el azar guiña una vez más su ojo burlón estableciendo improbables relaciones entre Toulmin y el economista protagonista de la escena. Mi pregunta es: ¿son sus argumentos falaces? Se admiten argumentaciones...




martes, 25 de mayo de 2010

Sin reservas

"Pienso en lo maravilloso que sería poder quedarme aquí para siempre. Las estanterías están atestadas de libros, queda suficiente comida en la despensa. Pero sé muy bien que éste es sólo un lugar de paso" (Haruki Murakami, Kafka en la orilla)

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española recoge quince acepciones del vocablo 'reserva'. La primera de ellas lo define como "guarda o custodia que se hace de algo, o prevención de ello para que sirva a su tiempo". Resulta curioso comprobar cómo en el léxico económico financiero es un término de uso, más que común, frecuente. La imaginación juega en ocasiones muy malas pasadas: tanto es así que cuando por primera vez me acerqué a este lenguaje no puede evitar concebir las reservas como una gran despensa.



Hoy la cuestión gira en torno a las reservas, que, en el fondo, no dejan de ser una despensa hipertrofiada a veces y anoréxica la mayor parte de las ocasiones. Pero no hablaré de gastronomía. Reconduciré el rumbo del discurso: el tema de hoy guarda una estrecha relación con el de ayer. De hecho, como se recordará, el tercer gran bloque de la balanza de pagos estaba constituido por la subbalanza de cuenta financiera. Esta subbalanza refleja lo siguiente: si España exporta o importa acciones u otros títulos a cambio de divisas extranjeras, estas exportaciones o importaciones se considerarán como pagos o ingresos.



Dentro de la subbalanza por cuenta financiera hay una partida que se conoce con el nombre de "Variación de reservas", lugar común -o sea, tópico- en el que converge el tertuliano medio. Pero, ¿qué se recoge exactamente bajo esta rúbrica? Grosso modo, cabría apuntar que las reservas conforman las posesiones de divisas que posee un país, así como otros activos que pueden ser utilizados para satisfacer las demandas de divisas, y que sitúan al país como acreedor frente al exterior, en la medida en que suponen activos frente al resto del mundo. La cuenta 'variación de reservas' se hace cargo, por tanto, de los incrementos o disminuciones netos de moneda extranjera y otros activos.

El carácter regulador de la cuenta es incuestionable: su cuantía debe ser tal que equilibre la balanza de pagos, esto es, consiga que su saldo sea nulo. Como señala F. Mochón "si para que cuadre la balanza de pagos, la magnitud de esta partida hay que anotarla en la columna de variación de pasivos (ingresos) significa que el país está endeudado con el exterior por el montante de la variación neta de reserva de divisas. Si, por el contrario, para que cuadre la balanza de pagos la variación neta hay que introducirla en la columna de variación de activos (gastos), significa que el pís en cuestión es acreedor por el montante de la variación neta."

Un ejemplo sencillo clarificará esta idea: si un fabricante de calzado exporta a los EEUU mercancías por valor de 10.000 euros en la balanza por cuenta corriente se contabilizará un ingreso de 10.000 euros. Como la balanza de pagos se rige por el principio de partida doble todo ingreso ha de tener su correspondiente pago, la cuenta variación de reservas registrará un apunte contable de -10000 euros en concepto de compras de activos exteriores (dólares), lo que significa que el exportador recibió dólares que posteriormente convirtió en euros.

Una etapa más en la ardua ruta de la clarificación de conceptos. Aunque éste sólo sea un lugar de paso.

lunes, 24 de mayo de 2010

El cielo se equivocó

"La sabiduría nos llega, cuando ya no nos sirve para nada".Gabriel García Márquez

En tiempos revueltos, ganancia de tertulianos. Uno de mis pasatiempos de los últimos días ha sido escuchar diferentes tertulias que por tierra, mar y aire, como los tres ejércitos, analizaban con mejor y peor fortuna la situación económica del país. No seré yo quien enmiende la plana al ingente número de expertos (¿dónde se habían metido hasta ahora?) que sugieren soluciones y recetas para afrontar los problemas que asolan el país. Lo que me resulta de difícil digestión es la falta de rigor de alguno de estos sabios a la hora de utilizar ciertos conceptos económicos que un estudiante de Bachillerato, pongamos un alumno de 1º A, utilizaría sin duda con más precisión.

Uno de los errores habituales en las tertulias de análisis suele ser la afirmación de que "la balanza de pagos española es deficitaria". Este enunciado ignora que la balanza de pagos, en tanto que documento contable está saldada: lo que se compra o se paga o se debe. Pero tal vez esté adelantando el final de la película sin siquiera haber comenzado con su inicio que pasa ineludiblemente por la definición de 'Balanza de pagos'.

Por citar una definición aceptada, acudiré a la de mi gigante de hoy, Fernando Mochón, diré que es un documento que recoge el registro sistemático de las transacciones económicas ocurridas durante un periodo de tiempo determinado entre los residentes de un país y los del resto del mundo. Por tanto, se hace eco de todas las transacciones económicas internacionales y contabiliza los ingresos (transacciones que suministran divisas al país que elabora la balanza) y los pagos (transacciones que comportan salidas de divisas).
La balanza de pagos se estructura en tres subbalanzas, a saber, subbalanza por cuenta corriente, subbalanza por cuenta de capital y subbalanza por cuenta financiera.

Como la balanza de pagos se rige por el principio de partida doble todas las operaciones se reflejan dos veces: una en la partida de ingresos y otra en la partida de gastos. La consecuencia práctica es que la suma de todas las subbalanzas debería ser nula: v.g., el saldo negativo de las balanzas corriente y capital debería compensarse con el superávit por cuenta financiera. ¿Por qué entonces utilizo el condicional? Porque en la práctica nunca coincide la partida de ingresos con la de gastos y es necesario acudir a una partida denominada Errores y Omisiones que se haga cargo de estos desfases ocasionados por operaciones no registradas o errores cometidos en la contabilización de operaciones con el exterior.

En definitiva, el error de los tertulianos consiste en confundir las partes con el todo: como he señalado anteriormente la balanza por cuenta corriente y la de capital pueden tener un saldo negativo que habrá de compensarse con un saldo positivo en la cuenta financiera (lo que implica que el país ha tenido que buscar financiación en el extranjero).

Incluso los dioses televisivos han de descender de su Olimpo y leer un manual básico de Economía. Como de sobra sabía Billy Wilder, nobody is perfect.

domingo, 23 de mayo de 2010

Titanic

«No poseemos ninguna base firme absoluta desde la que levantar las ciencias. Nuestra verdadera situación es como si estuviéramos a bordo de un barco en mar abierto y tuviésemos que cambiar distintas partes del barco durante el viaje" (Otto Neurath

Tras una larga ausencia que no voy a esforzarme en justificar, vuelvo al barco. Aunque, en realidad, nunca lo abandoné. Presentaba Otto Neurath, filósofo positivista del llamado Círculo de Viena, una bella metáfora que, en mi interpretación (más allá de la reconstrucción de la filosofía), aludía a la imposibilidad del ser humano de sustraerse a sus propias coordenadas o, incluso, de tomar distancia. Vanitas vanitatis. Tal vez la realidad económica se encuentre en esa tesitura: es necesario arreglar el barco en alta mar y las decisiones que se tomen pueden comprometer seriamente la supervivencia de quienes se encuentran a bordo.
Tal vez sea ésta una prueba poderosa de que la economía es una ciencia humana, demasiado humana.

Este foro sigue teniendo una vocación pedagógica: mis alumnos han de saber que las medidas aprobadas mediante
Real Decreto Ley el 20 de mayo con el objetivo de reducir a final de año el déficit público de un 7,5% del PIB al 6% son las siguientes:
  • Reducción media de un 5 por 100 de los salarios públicos
  • Suspensión de la revalorización de las pensiones en 2011
  • Suspensión del régimen transitorio de la jubilación parcial
  • Eliminación de la retroactividad en prestaciones por dependencia
  • Eliminación del “ cheque-bebé ”
  • Recorte del gasto farmacéutico
  • Acuerdo de no disponibilidad y plan de revisión

¿Son todas las que están y/o están todas las que son? Ésa, sin duda, es otra historia, cuyos capítulos intentaré desgranar en futuras entradas. Sólo queda esperar que su final no resulte semejante al del Titanic.

lunes, 26 de abril de 2010

Historias mínimas.

"Ser natural es la más difícil de las poses" (Oscar Wilde)

Siempre resulta estimulante preguntarse por lo obvio, o por lo que se supone que ha alcanzado el status de natural. Tal vez porque paradójicamente lo menos natural sea lo que se disfraza de tal. El ciudadano español goza de las prevendas que le concede el Estado de Bienestar como si éstas perteneciesen al campo de la axiomática del derecho natural. "Tengo derecho a asistencia médica, a una educación gratuita y de calidad, a recibir un subsidio de desempleo en el caso de perder mi ocupación, a cobrar una pensión de jubilación que me permita vivir sin estrecheces, a disfrutar de una adecuada red de carreteras y de suministros de los servicios básicos, etc, etc". Y ciertamente, ese derecho debe su precaria, demasiado precaria, ay, existencia a la de una entidad que en su día y en el nuestro necesita justificación.

¿Por qué el sector público ha de intervenir en la economía? ¿Cuáles son las razones que justifican que el Estado posea una capacidad de coerción que le habilite para recaudar parte de lo que el ciudadano ha ganado con el sudor de su frente (es un decir)?

Tradicionalmente se han utilizado razones que aluden a los fallos de mercado: externalidades, escasa provisión de bienes públicos y existencia de monopolios, entre otras. Todas ellas comparten la característica de que suponen una merma para la eficiencia del sistema. Ahora bien, ¿cabría poner sobre la mesa otro tipo de razones? ¿Qué hay de la equidad?

Si el marxismo responde afirmativamente y sin matices, en las antípodas puede hallarse la reflexión de Robert Nozick, verdadero santo laico del liberalismo actual. Nozick, no demasiado conocido en nuestro país, en su libro Anarquía, Estado y Utopía defiende lo que él denomina un estado mínimo entendido como "un Estado limitado a las funciones de protección contra la violencia, el robo, el fraude, la violación de contratos y otros parecidos, es justificable; cualquier otro Estado más grande violaría el derecho de las personas a no ser forzadas a hacer ciertas cosas y es injustificable; y que el Estado mínimo es inspirador así como correcto. Dos implicaciones dignas de notarse son que el Estado no debe usar su aparato coercitivo con el propósito de lograr que algunos ciudadanos ayuden a otros, o para prohibirle a las personas actividades en su propio beneficio o protección".

Esta concepción no está muy alejada de la de Ayn Rand, quien sostiene "las funciones naturales de un gobierno se dividen en tres grandes categorías, todas ellas relacionadas con la violencia y la protección de los derechos del individuo: la policía, para proteger a los hombres de los criminales - las fuerzas armadas, para proteger a los hombres de invasores foráneos - los tribunales para solucionar disputas entre los hombres de acuerdo a leyes objetivas".

No quiero alargar la discusión. Pero no me resisto a declararme contraria a la anorexia en todas sus versiones. En otro momento explicaré por qué. Para ello invocaré a mi santo particular, John Rawls. Qué se le va a hacer: soy más de máximos que de mínimos. Incluso en las historias.

miércoles, 21 de abril de 2010

Supersize me

"Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" (Arquímedes de Siracusa)



Pasear por Siracusa una tarde de verano constituye, sin duda, un punto de apoyo consistente desde el que mover el mundo. Cada cual atesora su catálogo de imágenes. Por sus referencias los conoceréis. En el interesante documental, Supersize me, en el que un periodista decide acometer el reto de sobrevivir durante un mes con la única ayuda de Mcproductos, puede contemplarse una de las escenas más impactantes de lo que yo llamo terror psicológico. Si no me creen, dediquen unos minutos de su ocupada vida a escuchar las respuestas de estos tiernos infantes y saquen sus propias conclusiones.







Tópico habemus, pensarán algunos y quizá no carezcan de razón. Pero las superficies trilladas poseen su atractivo y por eso, a veces, resulta agradable organizar un picnic en ellas. En esas me encuentro. Ostenta la categoría de lugar común hablar de la Mcdonalización del mundo: imagen desolada del fenómeno de la globalización. El planeta alimentado a base de Mcmenús. Pero tal vez no sea tan conocida la existencia de un índice denominado Big Mac. El nuevo metro de platino iridiado con el que medir el mundo, lanzado por el semanario británicoThe Economist hace unos años. Como señala la wikipedia, "es un índice elaborado a partir de una investigación no científica, que permite comparar el poder adquisitivo de distintos países donde se vende la hamburguesa Big Mac de McDonald´s. Consiste en comparar lo que cuesta una hamburguesa Big Mac, la más famosa de la cadena McDonald's de restaurantes, en todos los países donde se elabora para, de esta manera, poder comparar los costes de vida en cada país y saber si las monedas están sobrevaloradas con respecto al dólar estadounidense".

Pero no acaban aquí las virtudes de la referencia. El banco de inversión suizo UBS realizó un estudio el año pasado en el que mostraba cuánto tiempo costaba en diferentes países ganar el dinero suficiente con el que adquirir el preciado manjar. Ríanse del Índice de Desarrollo Humano. Ya lo vaticinó Arquímedes.


lunes, 12 de abril de 2010

Más dura será la caída

"Al hombre que cabalga largamente por tierras agrestes le asalta el deseo de una ciudad" (Italo Calvino, Las ciudades invisibles)

Los electrocardiogramas planos resultan, para quienes aún habitamos o esquilmamos este planeta, qui sait, una horrible posibilidad. Aunque la vida, en ocasiones, esté surcada de falsas planicies, las cimas y los valles constituyen su esencia. Y también conforman el transcurso del año escolar. Si hace apenas una semana mis alumnos y yo disfrutábamos un pico, -en mi cumbre yo leía el libro que más me ha impactado en mucho tiempo, Nunca me abandones (no pinchar si se piensa leer)- hoy nuestras coordenadas se encuentran próximas a un abismo del que será imposible escapar completamente hasta bien pasado junio. Más dura será la caída, aseguraba el título de la última película de Humphrey Bogart.



Que no cunda el pánico ni el pesimismo. Sigo hablando de dinero. Al menos, con mis alumnos de 1º de Bachillerato. Tal vez con la sola intención de tocar fondo -a partir del que todo lo que se vislumbra son subidas- voy a atreverme con uno de los temas más áridos de la teoría económica: me estoy refiriendo a la oferta monetaria. Como siempre, la higiene intelectual requiere la definición del término que se ha de definir, por eso, comenzaré señalando que en términos clásicos se entiende por 'oferta monetaria' la cantidad de dinero que circula en una economía, o, dicho de otro modo, la suma del efectivo en manos del público (billetes y monedas) y los depósitos bancarios.



Ahora bien, tal definición remite a la clarificación de un concepto previo, que no es otro que el de depósito bancario. Como dicha cuestión ya fue abordada en su día, baste en este momento con señalar que esta diversidad es la que justifica que en los manuales al uso al hablar de oferta monetaria se distingan varias tipologías, que usualmente reciben el nombre de agregados monetarios. Al igual que cualquier categorización, la que sigue encuentra su justificación en la utilidad que proporciona a las autoridades monetarias.

  • El agregado M1 tiene sólo en cuenta el dinero efectivo más los depósitos a la vista.
  • La oferta monetaria en sentido amplio o M2 se calcula tras añadir a M1 los depósitos de ahorro.

  • Disponibilidades líquidas o M3. Resulta de añadir a M2 otros activos líquidos (depósitos a plazo, cesiones temporales de activos, participaciones de activos, depósitos en moneda extranjera y empréstitos, así como pasivos emitidos por el ICO y entidades de ámbito operativo limitado) . Es el concepto de oferta monetaria más utilizado.

  • Los activos líquidos en manos del público (ALP) o M4.

Así la definición de oferta monetaria dista mucho de ser estática o de presentar un electrocardiongrama plano. Todo lo contrario: se trata, sin duda, de un concepto en plena revisión, en la medida en que depende de la inclusión o no de nuevos activos financieros.

Mañana será otro día. La caída será menos dura.